Marzo
19, 2004
Si
tuviese que escoger una sola película para llevar
siempre conmigo, escogería esta.
¿El
talento es merecido o arbitrario?, ¿en base a que
el Ser Supremo concede talento a sus criaturas?, ¿puede
uno alcanzar la genialidad ausente al nacer o simplemente
reconocerla y admirarla?, ¿es el talento extremo
una bendición o una pesada carga no buscada?
Todas
estas preguntas nutren el ser de "Amadeus"
(ganadora del Oscar a la mejor película en 1984)
filme basado en la exitosa obra de teatro londinense del
mismo nombre (presentada también en Broadway), sobre
la supuesta relación entre los músicos Antonio
Salieri y Wolfgang Amadeus Mozart.
El
director, Milos Forman ("One Flew Over the Cuckoo's
Nest", "The People v. Larry Flynt"),
quedó tan impresionado luego de ver la fascinante
obra de teatro, que solicitó al escritor de la obra,
Peter Shaffer, lo asista con el guión para la película.
El resultado fue una de los filmes más admirados
de la historia reciente, que puso durante un breve periodo
la música de Mozart en el top 10 de la Billboard,
en franca competencia con Madonna y Michael Jackson.
"Amadeus"
es narrada desde la perspectiva de Antonio Salieri (F. Murray
Abraham en el rol que lo convirtió en el primer descendiente
árabe ganador del Oscar al mejor actor), un músico
bastante competente que escribió más de 30
operas y ocupó el cargo de "compositor de
la corte" del Emperador Austriaco Joseph II. Los
últimos años de su vida Salieri los pasó
en un hospital siquiátrico, luego de intentar suicidarse
en reiteradas ocasiones. Se acusaba de haber asesinado a
Mozart y esta convicción lo atormentaba profundamente.
No
existen pruebas que soporten dicha aseveración pero
lo que si hay son importantes referencias históricas
de que Salieri, en efecto, se acusaba de la muerte del "maestro
de Salzburgo". Una de las más impactantes
es una pasaje encontrado en el diario de Ludwig Van Beethoven
(Beethoven era algunos años menor que Mozart pero
sus vidas se cruzaron en un par de ocasiones.) en donde
el virtuoso pianista expresa : "La cosa vuelve
a ir mal con Salieri. Se acusa de haber asesinado a Mozart.
Debe ser cierto pues así lo afirma. También
es cierto que la justicia nos encuentra a todos al final."
Teniendo
como base la realidad de las auto-acusaciones de Salieri,
la historia de "Amadeus" fue escrita.
Podemos decir que es una novela basada en hechos reales.
Los detalles de la relación entre Mozart y Salieri
son ficción, pero es una ficción probable,
inspirada en hechos. Tom Hulce (en el rol por el que será
recordado siempre) interpreta a Mozart como un niño
atrapado en el cuerpo de un adulto, para quien crear música
es algo natural, un juego brillante, no un trabajo.
El
compositor italiano describe su relación con Mozart
a un sacerdote que le visita en el internado, luego de su
infructuoso intento de suicidio. "Si tiene algo que
confesar, hágalo ahora" le sugiere el cura,
y Salieri en efecto confiesa, por medio de una historia
de extrema admiración y odio pero sobre todo, envidia.
En
la que se ha convertido en una de las escenas más
famosas de la película, Salieri toca varias de sus
composiciones para el cura, intentando comprobar si el sacerdote
-que recibió instrucción musical en su juventud-
recuerda alguna de ellas. El visitante le confiesa que ninguna
le resulta familiar. Acto seguido Salieri toca una porción
de "Eine kleine Nachtmusik", el cura
reconoce inmediatamente la melodía y asombrado expresa:
"¡por supuesto!, ¡es una encantadora
pieza!, ¡no sabia que usted la compuso!"
Salieri, resignado y sometido, replica: "No lo
hice. Ese fue Mozart."
Los
historiadores coinciden que Salieri era un gran músico,
que atendía con diligencia sus responsabilidades
musicales. El problema es que Mozart era un caso tan excepcional
que un músico como Salieri en comparación
resultaba muy pequeño.
El
músico italiano describe como cuando niño,
ofreció su castidad e industria a Dios, a cambio
de talento musical (como si uno pudiese negociar con Dios
sobre estos asuntos). En un principio, Dios parecía
haber aceptado su oferta y Salieri llega a ocupar el cargo
de compositor de la corte de Joseph II. La gente lo quería.
El se quería a sí mismo. Hasta que llegó
Mozart.
Gothe (el famoso escritor autor de "Fausto")
dijo alguna vez que la música de Mozart era como
"observar el paisaje pasar en un tren a máxima
velocidad, pero verle perfectamente." Sin embargo,
el motor de la historia de "Amadeus"
no es realmente la genialidad de este extraordinario músico,
sino el efecto destructivo que una envidia enfermiza puede
tener, especialmente en alguien con el talento suficiente
para reconocer la superioridad ajena. Salieri acusa a Dios
de darle pasión extrema por la música como
"una lujuria en su cuerpo" y luego hacerle
"mudo", haciendo alusión a su
sensación de impotencia ante un músico infinitamente
superior.
El
reparto principal lo completan Elizabeth Berridge como la
cariñosa e infantil Constanze, esposa de Mozart,
que pese a su aire de inmadurez era una mujer con un buen
ojo para los negocios (precisamente lo que siempre le faltó
a su esposo), y Jeffrey Jones, en una soberbia interpretación
del Emperador Joseph II, tan admirado por el talento de
Mozart como sorprendido por su audacia y falta de poses.
En cierta forma, este personaje es quien representa el ojo
del espectador.
Finalmente
tenemos a Roy Dotrice como Leopold Mozart, un hombre convencido
de que su hijo era un instrumento divino que debía
ennoblecer al mundo con su música ("Amadeus"
significa "Escogido de Dios"), tal vez
por esto se horrorizaba tanto frente a la vulgar y bohemia
actitud de Wolfgang frente a la vida. Leopold se concentró
tanto en preparar a Mozart en lo musical que al parecer
descuidó por completo su inteligencia social. Algunos
historiadores comentan que si Mozart hubiese tenido la mitad
del talento pero el doble de madurez, su vida habría
sido mucho más larga (murió a los 36 años
de edad) y de mejor calidad. Tal vez, pero fue su extremo
talento y no sus modales los que le confirieron inmortalidad
("soy un hombre vulgar" confiesa en el
filme Mozart al Emperador, y de inmediato, "pero
mi música no lo es").
Milos
Forman logró lo imposible por medio de esta película:
despertó el interés de la generación
X por la música clásica. Y hablo por experiencia
personal. Si no fuese por esta película, no le habría
dado una real oportunidad (pese a las insistencias de mi
abuelo) a la música de Mozart, o a la de Liszt, Bach,
Vivaldi o Beethoven.
Una
de las condiciones de Forman para dirigir la película
era que le permitiesen incluir en ella la mayor cantidad
de música del maestro de Salzburgo. Empezando con
la poderosísima Sinfonía No. 25 (compuesta
por Mozart a los 17 años de edad) y terminando con
el incompleto Réquiem, el filme está lleno
de su música. Pese a esto, lo que escuchamos en la
película es solo una pequeña muestra. Mozart
fue uno de los músicos clásicos más
productivos de la historia, con cerca de 600 composiciones
en su haber (increíble en especial considerando su
muerte prematura).
Lo
sé, tal vez he escrito demasiado sobre referencias
históricas en lugar de concentrarme en la película
que motivó este review. Pero en realidad esto refleja
otro de los atributos del filme. Despierta sincera curiosidad
sobre Mozart, su vida, su música. Creo que es el
mejor cumplido que puedo darle.
Concluyo
destacando que, en su más profundo ser, la película
es una advertencia sobre el hueco sin fondo al que nos lleva
la envidia. Jamás sabremos si Antonio Salieri efectivamente
tuvo alguna participación activa en la muerte de
Mozart (cuyo cuerpo fue enterrado en una fosa común,
de ubicación desconocida). Mas, el olvido en el que
ha caído la música del italiano y la absoluta
vigencia de las composiciones de Amadeus son un testamento
a la marcada diferencia entre alguien bueno en lo que hace
y alguien genial.
La
mayoría de nosotros pertenecemos al primer grupo
pero esto no debe desconcertarnos.
La
mediocridad es una actitud frente a la vida y no una cualidad
objetiva. Salieri era mediocre porque así lo había
decidido. En lugar de recordar que el talento es una concesión
gratuita de Dios (que tiene como finalidad beneficiar no
sólo al portador sino a todos nosotros) decidió
ahogarse en su propia envidia, perdiendo en el proceso sus
dotes y su cordura.
"No se preocupe padre" -asegura Salieri al final,
intentando consolar al derrotado sacerdote- "voy a
interceder por usted. Yo intercedo por todas las mediocridades
del mundo. Soy su santo patrón."
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