Agosto
2, 2004
Parte
de la magia del cine es que un buen actor puede permitirnos
conocer de cerca a nuestro más admirado héroe.
Pablo Neruda es el héroe de muchos y pese a que “Il
Postino” no es realmente una biografía del
poeta chileno, nos muestra la pasión que este hombre
tenia por las palabras, y la inspiración que dicha
pasión despertaba en otros.
Máximo
Troisi (quien co-escribió el guión del filme
y tristemente falleció al poco tiempo del estreno)
es Mario, un cartero de un pequeño pueblo en Italia.
El mismo lugar que Pablo Neruda ha elegido para vivir mientras
Chile es azotado por conflictos políticos y sociales.
Todos en el pueblo saben de Neruda, pocos le conocen. Mario,
tímida y progresivamente se acerca al famoso poeta
durante sus entregas esporádicas de correspondencia.
En
un principio Mario lo que desea es atender su curiosidad
sobre el ilustre visitante. Pero luego, al enamorarse perdidamente
de Beatrice (Maria Grazia Cucinotta) -una joven y hermosa
mesera del pueblo-, busca desesperadamente a Neruda como
su mentor en la poesía. El cartero decide que los
versos son la única forma de conquistar a su amada.
Mario
es un neófito de la poesía pero su sencillez
está llena de franqueza y curiosidad. Además
su amor, aunque no correspondido, es verdadero. Quiere que
Neruda escriba una poesía dirigida a Beatrice, y
utilizar las palabras del chileno para enamorarla (“¡pero
si ni siquiera la conozco!” –contesta horrorizado
Don Pablo-).
La
dirección de Michael Radford (quien acaba de dirigir
al formidable Al Pacino en “El Mercader de Venecia”
de próximo estreno) es excelente. Radford sabe que
su protagonista principal no es Neruda sino Mario, y en
él concentra la narrativa. Sin embargo, lo que hace
realmente funcionar a esta película tan eficazmente
es el diálogo. El cartero con sus palabras representa
a todos quienes carecemos de la genialidad de Neruda pero
admiramos sus poemas. A todos quienes mientras nuestra vida
avanza, vemos a la poesía como algo cada día
más verdadero y cercano. Las interrogantes de Mario
son ingenuas pero profundas y las respuestas de Neruda sabias
pero sencillas.
La
interpretación del actor francés Philippe
Noiret como Pablo Neruda es brillante. El Neruda de Noiret
es en extremo convincente. No sólo en el parecido
físico sino también en sus modos, en su porte.
Los hechos que muestra el filme son ficticios (tienen como
base la novela “Burning Patience” de Antonio
Skarmeta) pero audazmente me atrevo a apostar que el verdadero
Neruda habría reaccionado en forma similar en circunstancias
parecidas.
La
amistad entre Mario y “Don Pablo” crece, al
igual que la poesía del primero. Neruda le muestra
a Mario el poder de las metáforas. Como, el sol,
el mar y la luna, tienen la virtud de expresar sentimientos
inexpresables. Como, a veces, en la naturaleza están
dibujadas nuestras íntimas sensaciones. Y como, gracias
a esto, todos podemos ser grandes poetas.
Otro
punto alto del filme es la escenografia. La belleza de la
región anónima de Italia donde se desarrolla
el filme es, sola, una admirable poesía. Los diálogos
entre Neruda y Mario se dan entre playa, mar, cimas y cielo.
Esta
es una película llena de alma. No es la historia
en si lo que nos mantiene realmente interesados en el filme,
sino la fascinación de Mario por el poder de las
palabras y la sinceridad de sus apreciaciones.
Al final, tal vez dándole razón a Neruda,
es del sencillo vocabulario de un humilde cartero que brotan
las más sublimes frases.
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