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"El secreto para convencer
al mundo de que 2 + 2 = 8
(La contaminación informática)"
El hombre es la criatura más
incoherente que hay en el universo: dígale que dos más
dos son ocho y no se lo creerá. Pero si uno se lo repite
diez mil veces, y nadie argumenta en contra, al menos lo dudará.
En cuanto a las verdades más profundas, aquellas a las que
se llega mediante elaborados raciocinios que escapan al hombre común,
bastará repetir una decena de veces la idea contraria para
sembrar el desconcierto. Si el infeliz no tiene quién le
demuestre la verdad, fácilmente será engañado.
Así actúa la publicidad, las novelas, los programas
de televisión y de radio, y los medios de comunicación
en general. Con su cadente constancia nos terminan convenciendo:
muestran una y otra vez réprobas conductas, que en un primer
momento impactan y se rechazan, pero luego hacen parecer normal,
natural y hasta moral lo que no lo es.
La publicidad ha desvestido a la mujer. A base de mostrar diminutos
trajes de baño en los comerciales de televisión, hemos
acostumbrado a la mujer a pasearse por las playas casi desnuda y
sin problemas de consciencia. La televisión le mostró
que “todas” –un vil engaño– lo hacían,
y las prendas de ropa cayeron al piso.
Lo mismo podemos decir de otras cosas. A base de mostrar una y otra
vez actos violentos en la pantalla, hemos conseguido que chicos
entren a sus colegios con armas hiriendo y matando a sus compañeros
y profesores; a base de juegos de violencia hemos conseguido un
aumento sustancial de la delincuencia entre los adolescentes; a
base de novelas, y propaganda de preservativos, estamos consiguiendo
cada ves más abortos, partos precoces, parejas infelices,
perdida de valores...
¿Quién ha endemoniado a la sociedad? La violencia
y las bajas pasiones se presentan como una espiral, que llegan a
más cuanto más se involucra uno. ¿Quién
ha hecho que avance tan significativamente en la última década?
¿Quién? ¿Quién es el responsable? Hoy
gritaré lo que otros han silenciado: ¡los medios de
comunicación!
En efecto, son la televisión, el internet, la radio, los
periódicos y revistas, la propaganda... se han coligado en
esta diabólica empresa. Los chicos no hacen sino copiar conductas
que han visto hacer a sus héroes en la pantalla, que han
practicado en los video-juegos, y que creen ser buenas porque no
se las a presentado como reprobables: la infidelidad conyugal, la
promiscuidad sexual, la cruda violencia que en los programas de
televisión se presentan como normales y hasta cómicos,
dañando sus conciencias y haciéndolos incapaces de
distinguir el bien del mal.
Conforme la psicología siga profundizando en este tema, podrá
establecerse que grado de causalidad tiene ver un programa violento
y como consecuencia actuar violentamente. Hoy por hoy se saben varias
cosas: la propaganda subliminal logra que las personas se comporten
de una manera determinada; la propaganda explícita en algunos
casos lo logra con mayor efectividad, cuando se la presenta atractivamente;
si bien no siempre se puede hacer cambiar de opinión al oyente,
es eficacísima haciendo cambiar de actitud.
Hoy, por ejemplo, el cine ha dejado de presentar al homosexualismo
como una enfermedad y lo presenta como un derecho. Para ello no
da argumentos, sino que presenta a un homosexual de forma graciosa
–en películas como “Mejor Imposible”–,
para que el público se convenza de que “no es tan malo”
y que es “hasta chistoso”.
Comprobado el grado de causalidad de mensaje-conducta, quedaría
expedita la vía para que muchos criminales encarcelados demanden
a los medios de comunicación por haber sido víctimas
de la contaminación informática. En efecto, es un
hecho verificado en varios países que individuos han aprendido
a robar viendo la televisión (¡de qué manera
se asemeja esto con la autoría intelectual en los delitos
penales!). Las conciencias de los reos fueron de alguna manera manipuladas
por los productores de la programación.
Quedan muchas dudas flotando en el tema de la causalidad, y solo
una idea clara: los medios de comunicación son responsables
–la psicología dirá hasta qué grado–,
y por lo tanto, deben reparar el daño. Son ellos los que
deben reparar el daño, y son ellos los que mejor pueden hacerlo.
| Dr. Juan
Carlos Riofrío Martínez-Villalba
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