20
de Enero del 2004
Hay
películas que te impactan y películas que
te afectan. "21 Grams" ("21 Gramos")
pertenece al segundo grupo. Nuevamente, el director Alejandro
González Inarritu ("Amores Perros") nos
entrega una película de explosiva genialidad. Este
hombre, junto a su compatriota Alfonso Cuaron ("Y Tu
Mama También") le han dado renovados prestigio
y protagonismo al cine mejicano. Su talento igualado únicamente
por su audacia.
Se
dice que el cuerpo humano pierde 21 gramos en el preciso
momento de la muerte, ¿es tal vez el peso del alma
que abandona el cuerpo?
"21
Grams" narra la historia de 3 vidas conectadas por
una tragedia. Sean Penn (por quien ya expresé mi
admiración en el review de otra gran película
del 2003, Mystic River) es Paul, un profesor que está
muriendo debido a una insuficiencia cardiaca y lo único
que puede salvarle es un trasplante. Espera la muerte con
amargura, cansancio y desesperanza. Su esposa Mary (Charlotte
Gainsbourg) le brinda cuidado y amor, pero al mismo tiempo
parece estar más interesada en asegurar un hijo de
ambos (por medio de una inseminación artificial,
la condición de Paul es ya muy grave para intentar
otra cosa) que en luchar junto a esposo contra la enfermedad.
Tal vez es simplemente su resignación a una prematura
muerte de Paul.
Naomi Watts, quien en mi opinión (en especial luego
de ver esta película y la intrigante "Mulholland
Drive") es la sucesora de Meryl Streep, interpreta
a Christina, una mujer cuyo amor por sus hijas y su esposo
(Danny Huston) le ha permitido vencer el alcoholismo y ser
feliz. Sin embargo, su renovada actitud frente a la vida
está a punto de ser sometida a la mayor de las pruebas.
Finalmente, Benicio Del Toro (ejemplo de perseverancia,
Del Toro paso de interpretar a un perro en "Pee Wee's
big Adventure" a tener roles impactantes en clásicos
modernos como "Traffic", "The Usual Suspects")
es Jack, un ex-convicto que le ha entregado su vida a Cristo
pero confunde devoción con fanatismo. Se aferra a
su nueva fe para escapar del alcohol y las drogas, pero
-al igual que Christina- Jack se encuentra en realidad aún
a la deriva de las olas y el viento. Este personaje es literal
y figurativamente el vehículo por medio del cual
la tragedia vincula a los 3 protagonistas de la historia.
El drama surge y nos envuelve. Me reservo el darles más
detalles respecto de la trama, no quiero protegerlos de
los golpes.
Es
siempre un regalo para el arte cinematográfico tener
a varios actores prodigiosos en la misma película.
En "21 Grams", Del Toro, Watts y Penn se entregan
a sus personajes con tanta intensidad que la línea
entre la realidad y la ficción se desvanece. Es como
si hubiesen decidido vivir el drama en lugar de recrearlo,
dejando a quienes vemos la película absortos frente
al poder de su interpretación.
Tal
como lo hizo con "Amores Perros", Gonzáles
Inarritu opta por presentar la historia en aparente desorden
y no en forma lineal. El principio no es el principio y
el final no es el final, presente, pasado y futuro son intercalados
arbitrariamente. Para muchos, sin embargo, no hay tal arbitrariedad,
cada escena está donde debería estar, en beneficio
de la historia.
Los
defensores de este estilo alegan que si uno no sabe lo que
motiva un acto, el ver ese acto en forma aislada le da un
mayor alcance al drama. Luego, al ver el motivo, el acto
es nuevamente juzgado por el espectador y el resultado es
una experiencia enriquecida. Para otros en cambio, este
estilo narrativo lo único que logra es perjudicar
a la película, privándola de sentido. La respuesta
estará siempre en los ojos del espectador. Personalmente
encuentro el estilo interesante y en el caso de "21
Grams", brillante. Dicho esto, puedo ver como en una
historia como ésta la falta de un orden tradicional
en la narración puede resultar molestosa.
A
primera vista "21 grams" se nos muestra como una
película sobre la muerte, mas, creo que en realidad
se trata de una película sobre la vida. El famoso
escritor ecuatoriano Juan Montalvo dijo alguna vez que "la
vejez, es una isla rodeada de muerte", González
Inarritu parece replicar con su historia que en realidad
la vida entera lo es. Pero aunque la inminencia de la muerte
a nuestro alrededor puede degradar nuestro tiempo en la
isla, al final somos nosotros quienes tenemos la última
palabra. |