12
de Febrero, 2004
Tony Wilson
nunca se vendió. Ni literal, ni figurativamente.
Esa es la esencia de "24 Hour Party People", una
película sobre sexo, drogas y rock and roll, pero
sobre todo, sobre una época en donde los gigantes
corporativos aún no habían acabado con la
autenticidad artística.
Manchester
(Inglaterra) fue durante la mayor parte de los 80 y principios
de los 90 el centro del universo musical. Apodada "Madchester"
("Mad" significa "loco" en inglés),
dio a luz la cultura "rave" (que hoy domina las
mejores discotecas del mundo), la glorificación del
disc-jockey (o "dj") y la música electrónica.
El motor de esta revolución fue "Factory Records",
la primera y única disquera "anárquica"
en el mundo.
Fundada por
Tony Wilson, un carismático reportero, Factory Records
no firmaba contrato alguno con sus músicos. El soporte
contractual de la compañía consistía
en una declaración escrita con la sangre de Wilson,
en donde declaraba que la compañía no tenía
nada bajo su propiedad y los artistas tenían absoluta
libertad creativa. Más que una disquera, decía
Wilson, Factory Records fue "un experimento en la naturaleza
humana". De este experimento surgieron 2 de las bandas
más importantes de la historia, "Joy Division"
(que cambio de nombre a "New Order" luego del
suicidio de su vocalista) y los "Happy Modays".
La película
tiene un estilo seudo-documental. Ciertas escenas son filmadas
con cámaras "handheld" y otras son filmaciones
reales de conciertos o del verdadero Wilson, conservadas
desde sus días de reportero. Este estilo, junto con
el excelente trabajo de dirección de Michael Winterbottom
y la soberbia actuación de Steve Coogan como Tony
Wilson, le dan un realismo a esta película que pocas
veces he visto en la pantalla de cine.
Especial
mención merece Sean Harris por su interpretación
de Ian Curtis, el difunto vocalista de "Joy Division".
El parecido es sorprendente. No solo físico, sino
en sus modos y expresiones. La transformación es
total. Curtis era famoso por su intensidad en el escenario
(además de depresión sufría de epilepsia
y en más de una ocasión tuvo ataques durante
los conciertos), Harris le devuelve la vida con su interpretación,
y permite a una nueva generación conocerle.
Otra de las
virtudes de la película es lo fascinante de su historia.
El que Wilson haya logrado mantener en pie una disquera
anárquica durante más de 10 años es
increíble, el que dos grupos tan influyentes (y respetados)
como Joy Division y los Happy Mondays hayan surgido de su
"experimento" es también increíble,
pero más increíble aún es que una película
de esta calidad sobre los hechos se haya filmado tan pronto.
Especialmente considerando que -en términos mundanos-
Factory Records fue un fracaso, una disquera que produjo
más perdidas que ganancias y terminó en quiebra.
Pero tal
vez ese sea precisamente el punto de la película.
Wilson no tuvo éxito para sus colegas en la industria,
pero para el mundo musical su éxito fue inmensurable.
En ocasiones, hay que fracasar para ser exitoso. Ejemplo
claro de esto son los Sex Pistols, quienes 20 años
después siguen "fracasando" pero para sus
fanáticos son más exitosos que nunca, su autenticidad
intacta.
Luego de
recibir una oferta de millones de libras del dueño
de una disquera rival ("London Records") que pretendía
adquirir Factory Records, Wilson replicó: "es
una oferta muy halagadora, pero usted la hace con la impresión
equivocada de que nosotros tenemos contratos con nuestros
artistas y no es así. Al no tener nada, he evitado
el dilema de tener que venderme o no. Tal vez sea una locura,
pero en mi epitafio dirá: nunca se vendió,
ni literal ni figurativamente."
Gracias por
eso Tony. |