Diciembre 17 del 2006
Con Babel el brillante director mejicano Alejandro González Iñárritu completa su denominada “trilogía de muerte” (a la cual pertenecen también los galardonados filmes “Amores Perros” y “21 Grams”). Y pese a que González no ha dejado lo mejor para el final (ese calificativo le corresponde, en mi opinión, a la brillante “Amores Perros”), lo que sí hace es demostrar nuevamente que se trata de uno de los directores de mayor talento dentro del cine contemporáneo. Robert Altman ha muerto, pero el futuro de los denominados hyperlink movies está en excelentes manos con Alejandro González Iñárritu.
En esta ocasión las múltiples líneas narrativas encontradas en más de una encrucijada tienen como objeto unificador a un arma de fuego (rifle de alto rango), y como principales protagonistas a: una pareja que busca muy lejos de su país las soluciones a sus problemas conyugales (Brad Pitt y Cate Blanchett), una emigrante mejicana que descuida sus responsabilidades en el cuidado de dos niños norteamericanos (Adriana Barraza) para poder asistir al matrimonio de su hijo, así como una familia del Medio Oriente cuyos miembros más pequeños se convierten sin quererlo en los principales causantes de su propia tragedia, y finalmente un padre e hija japoneses que intentan sobrevivir la pérdida de la mujer más importante en sus vidas.
Descubrir los puntos de conexión entre todos estos personajes y el objeto unificador es una de las mejores partes de las películas de González Iñárruti y por ello no profundizaré más en la trama. Sin embargo, sí debo destacar que es precisamente en su trama que la película no alcanza los niveles logrados por las obras anteriores del director mejicano. Al ampliar a niveles internacionales el ámbito de las distintas líneas narrativas (a diferencia de lo ocurrido en “Amores Perros” y “21 Grams” donde la historia se circunscribía a una zona territorial) se ha sacrificado su cohesión, y las distintas partes del filme a ratos se sienten no sólo lejanas sino ajenas.
Por lo demás Babel es una obra cinematográfica de gran nivel. Las actuaciones son intensas, auténticas y efectivas, como no puede ser de otra forma cuando se reúnen actores de este nivel con un director del evidente talento de González Iñárruti. Una vez más el mejicano aborda los incómodos temas de la muerte y el dolor humano. Y digo incómodos porque tal como este filme nos recuerda, en ocasiones parecería que ambos se encuentran completamente subordinados al azar, y los hombres no somos más que espectadores de nuestra propia historia.
CALIFICACIÓN:
  
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