Marzo
29, 2004
Decir
que el cine es sólo entretenimiento es como decir
que la religión es sólo rezar. El cine, el
buen cine, es mucho más. Una buen filme puede tener
mayor impacto que un buen libro (ver noticias "La
Pasión de Cristo" 03/27/04), y educar mejor.
A las palabras en ocasiones se las lleva el viento, es cierto,
pero las imágenes………las imágenes
permanecen.
La
historia de como este documental fue realizado es tan impactante
y sorpresiva como el documental mismo.
Andrew
Jarecki deseaba filmar un proyecto sobre la vida de los
payasos en la ciudad de New York. Para ello contactó
al payaso más famoso de Manhattan, David Friedman.
Durante las primeras entrevistas resultó evidente
que Friedman tenia un pasado del que prefería no
hablar, particularmente la relación con su padre.
Un poco de investigación le permitió a Jarecki
descubrir una historia más dramática y trágica
que cualquier novela.
El
padre y el hermano menor de David habían sido acusados
y sentenciados con cargos de abuso sexual de menores a fines
de la década de los 80. El primero se suicidó
en prisión y el segundo acababa de recuperar su libertad
luego de 13 años de confinamiento. Pero eso no era
todo. David había filmado con su videocámara
personal las tribulaciones de la familia, desde las primeras
acusaciones hasta la sentencia final. Reuniones familiares,
visitas a la Corte, discusiones, gritos, todo el proceso
de implosión familiar había sido filmado por
David como una suerte de masoquismo terapéutico.
¿Podía
Jarecki utilizar las imágenes para filmar un documental
sobre el caso? Si podía, fue la respuesta de David.
El resultado es una de las experiencias cinematográficas
más impactantes que he visto en mi vida. Olvidar
este filme resulta difícil, tal vez imposible.
El
principio del fin para los Friedman fue la intercepción
por parte de la policía de una correspondencia internacional
dirigida a Arnold Friedman, el padre de familia. La correspondencia
consistía en pornografía infantil. La policía
empieza a indagar y descubre que no es la primera vez que
Arnold adquiere pornografía infantil (obtienen autorización
judicial para buscar en el departamento y encuentran material
adicional). Pero eso no es todo. Arnold Friedman es además
profesor de computación. Imparte las clases en el
sótano de su casa. Sus alumnos son menores de edad.
¿Un hombre con pornografía infantil dando
clases de computación a menores de edad en el sótano
de su casa? Parecía la trama de una película
de horror. Seguro la policía se encontraba frente
a un pedofilo consumado. ¿No?
Los
detectives empiezan a entrevistarse con los menores alumnos
de Friedman y acusaciones empiezan a surgir, no sólo
contra Arnold sino también en contra de su hijo Jesse,
quien lo asistía en las clases. Lo que empezó
como un caso de posesión y adquisición de
artículos indebidos se convierte en uno de abuso
sexual a menores, con todas las implicaciones sociales,
políticas y noticiosas que ello conlleva. Los Friedman
eran residentes de un barrio exclusivo y tradicional en
Long Island, New York. La comunidad se escandaliza inmediatamente
y claman, exigen justicia.
Lo
más impactante de este documental es que muestra
la absoluta relatividad de las percepciones individuales.
Uno no sabe a quien creerle.
Los
Friedman parecen una familia extraña, tal vez hasta
disfuncional. La historia detrás de Arnold -quien
asegura que no ha siquiera tocado indebidamente a ninguno
de sus alumnos- no le ayuda, tiene antecedentes familiares
muy particulares e inclusive reconoce que en el pasado en
una o dos ocasiones se le "ha pasado la mano"
en el contacto con menores.
Sin
embargo por otro lado, la policía parece no haber
hecho el mejor de los trabajos de investigación.
El
caso entero fue basado en pruebas testimoniales, sin el
soporte de pruebas físicas. Lo que es peor, algunos
de los menores no recordaron ningún episodio de conducta
indebida durante las clases. Otros empezaron a "recordar"
luego de interminables interrogatorios y/o sesiones de hipnotismo
tendientes a "recobrar" memorias desagradables
que la mente pudo haber "bloqueado" como forma
de protección psicológica (con los años
se ha cuestionado mucho la efectividad de este sistema que
en ocasiones lo que logra es "implantar" memorias
falsas, especialmente en personas que por su edad son fácilmente
impresionables).
Y
si el caso contra Arnold Friedman es gris, peor aún
el que la policía sigue contra su hijo Jesse, quien
no tiene antecedente criminal alguno. Jesse parece ser simplemente
un chiquillo de 19 años un poco hiperactivo en el
lugar y momento equivocados.
¿Es
posible que tal como la policía alega, en el sótano
de los Friedman se hayan llevado acabo verdaderas orgías
de abuso sexual a menores sin que exista una sola evidencia
física?, ¿es posible que durante todo el tiempo
en que las clases fueron impartidas ningún padre
de familia de los alumnos se haya percatado de que algo
andaba mal?, ¿ningún niño haya llegado
llorando a su casa o con signos de maltrato, luego de ser
violado por Arnold Friedman y su hijo Jesse? Algunas de
las historias de los menores (hoy ya adultos) parecen tan
absurdas e increíbles como las acusaciones de brujería
en los juicios de Salem. Y todos sabemos como terminó
ese caso.
Con
alegaciones de este tipo es fácil olvidar que un
proceso judicial no es un concurso de popularidad y que,
por más idónea que parezca la personalidad
del acusado para cometer el crimen, hay que respetar la
presunción de inocencia hasta probar con diligencia
lo contrario. Es el Estado quien tiene la carga de la prueba
y la obligación de superar la duda razonable de culpabilidad.
En
lo personal, dudo profundamente la culpabilidad de Arnold
y en especial Jesse Friedman. Creo que este documental demuestra
que mi duda es absolutamente razonable. No sería
la primera vez que el sistema judicial norteamericano ha
castigado a inocentes como resultado de episodios de histeria
colectiva y/o sensacionalismo. Luego de ver la forma en
que son manejados casos como el de Michael Jackson y/o Scott
Petersen (me refiero al manejo, no a la posible culpabilidad
de Jackson o Petersen, la cual no descarto) me temo que
no será la ultima vez.
Jesse
Friedman pese a haber cumplido ya con su "condena"
aún se encuentra luchando por limpiar su nombre y
ha presentado un recurso especial ante la corte competente
en busca de una declaratoria de juzgamiento equivocado.
Pueden visitar su pagina web en www.freejesse.net
No
dejen de ver el documental. Saquen sus propias conclusiones.
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