Agosto
30 del 2005
Filmar un remake de un exitoso filme basado en una aclamada
obra de la literatura infantil, es doblemente difícil
y riesgoso. Hay que atender las expectativas creadas por
la película previa y por el libro. Adicionalmente,
como en todo remake, existe el elemento de permanente queja:
si es muy parecida a la película anterior, que donde
está el justificativo de la nueva producción,
y si es muy diferente, que como es posible que se haya ignorado
a lo que convirtió al filme original en un éxito.
Es casi una situación de pérdida-pérdida.
Casi. Remakes se han filmado en el pasado con mucho éxito:
“The Thing”, “Ocean´s Eleven”,
sólo para nombrar un par.
Por
el esfuerzo y ambición requeridas para producir este
filme, mis reconocimientos para el dúo cinematográfico
hasta hoy infalible (al menos en mi libro) de Tim Burton
y Johnny Depp (“Edward Scissorhands”, “Sleepy
Hollow”, y próximamente “Corpse Bride”).
El resultado sin embargo, es una mixtura de aciertos y errores.
Tanto
la película original, “Wily Wonka and the Chocolate
Factory” (1971, Mel Stuart), como el libro de Roald
Dahl, “Charlie and the Chocolate Factory” (1964),
son considerados clásicos y ocupan un lugar importante
en el corazón de mucha gente. Cualquier nuevo tratamiento
de la historia tiene serias probabilidades de no cumplir
con las expectativas derivadas del standard impuesto por
estas obras.
No
voy a comparar este filme con el libro, ya que me parece
un esfuerzo inútil y equivocado. Son medios distintos,
y distintas son sus fortalezas, debilidades y limitaciones.
Lo que sí puedo es juzgar la película por
sus propios méritos y compararla con el filme anterior,
cuya longevidad no ha afectado al día de hoy su efectividad
(volví a verlo recientemente para escribir este review).
La historia es la misma: Willy Wonka es un ser excéntrico
que decide por primera vez en mucho tiempo abrir las puertas
de su fábrica de chocolate a 5 afortunados niños
(y sus respectivos padres) para que tengan la oportunidad
de conocer sus fascinantes secretos y sorpresas. Para este
efecto se esconden 5 tiquetes dorados en los cientos de
miles de barras de chocolate “Wonka” y se ofrece
adicionalmente un “premio mayor” para 1 de los
ganadores. Charlie Bucket vive con sus padres y abuelos,
en medio de extrema pobreza, y sueña despierto con
encontrar uno de los 5 tiquetes. ¿Cuáles son
las reales intenciones de Willy Wonka? ¿Cuál
es el premio adicional ofrecido? ¿Tendrá Charlie
la oportunidad de conocer la fábrica? ¿Podrá
ganar el premio mayor? La búsqueda de respuestas
a estas preguntas son el ser del filme, lo mueven y sustancian.
Burton es un hombre con talento, especialmente visual, y
esta película lo corrobora nuevamente. Depp por su
parte es uno de los mejores actores del mundo, y su interpretación
de Willy Wonka es efectiva tanto en cuanto crea un personaje
identificable y real. Freddie Highmore demuestra que su
brillante actuación en Finding Neverland (compartiendo
escena también con Johnny Depp) no fue casualidad,
y realiza un trabajo muy competente como Charlie Bucket.
Lo propio puede decirse de los demás actores. El
problema de “Charlie and the Chocolate Factory”
no se encuentra en su dirección, ni en sus actores,
sino en las decisiones tomadas respecto de la historia,
en su guión.
El primer problema es el propio Wonka. En lugar de un hombre
fuerte y genialmente explosivo, con una clara agenda secreta
escrita en su rostro y absoluto magnetismo (tal como lo
interpreto Gene Wilder en la película original),
el Wonka de Depp es un remedo de hombre, temeroso, patológicamente
tímido e inseguro (algunos han acusado a Depp de
canalizar a Michael Jackson, acusación negada por
el actor), que parece incapaz de cuidarse a sí mismo,
peor ser la mente detrás de la mejor fábrica
de chocolate del mundo. El segundo problema es Charlie Bucket,
un personaje unidimensional que no parece un niño
sino el sueño utópico de todo padre irascible
y perfeccionista. Es la bondad hecha niño en lugar
de un niño bondadoso. El tercer problema es la decisión
de Burton de convertir a Wonka en el principal protagonista
del filme, en lugar de Charlie y los demás niños
como en la película previa.
El filme original funciona tan bien porque es un efectivo
cuento-advertencia para padres y adultos: las virtudes (pese
a nuestras inevitables imperfecciones) serán reconocidas
y recompensadas, mientras que las malas acciones recibirán
su castigo y conducen inexorablemente a la derrota final
y el sufrimiento. Esta película en cambio se concentra
en los problemas familiares e inseguridades de Wonka y descuida
en el camino los citados mensajes, los cuales como se ha
demostrado reiteradamente tienen mayor impacto e identificación
para quienes, al final, son la principal y verdadera audiencia
del filme: los niños.
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