Octubre
28, 2004
Sebastián Cordero puede respirar tranquilo. Ha seguido
su impactante primera película “Ratas, Ratones
y Rateros” con una aún mejor. Un rayo no golpea
dos veces en el mismo lugar. Cordero ha demostrado que no
es un accidente sino lo mejor que le pudo pasar al cine
ecuatoriano. Tiene real talento. Está aquí
para quedarse.
“Crónicas”
narra la visita de un grupo de periodistas de Miami a una
zona marginal del Ecuador. La película está
situada en Babahoyo pero podría ser cualquier región
pobre del país. El folclor es siempre el mismo: calles
de tierra, casas de caña, lodo, hambre, anarquía,
abandono.
El
grupo de periodistas lo lidera Manolo Bonilla (el colombiano-norteamericano
John Leguizamo), un cazador de noticias de un programa sensacionalista
(“Una Hora con La Verdad”) impulsado por hambre
de protagonismo, fama y dinero. Junto a él se encuentran
su camarógrafo Iván (José Maria Yazpik)
y la productora del programa, Marisa (la impactante Leonor
Watling, a quien vimos en una coma prolongada en la película
de Almodóvar “Hable con Ella”). Lo que
los ha llevado al Ecuador es el último de los asesinos
en serie utilizado por los medios para ganar ratings: el
“monstruo de Babahoyo”. En esta ocasión
se trata de un asesino de niños. ¿Qué
puede causar mayor sensación?
Cuando escribí el review de “Identity”
destacaba como un director con talento puede presentar novedosa
y eficazmente una fórmula cinematográfica
trillada. No es el uso de una fórmula lo que afecta
la calidad de una película, es la falta de originalidad
en la ejecución, la falta de talento. En “Crónicas”
Cordero incursiona en el género del “thriller
policial”: hay un sicópata suelto, se desconoce
su identidad, hay que encontrarlo antes que reclame su siguiente
victima. La diferencia en este caso es que Cordero no concentra
su atención en el sabueso investigador ni en el asesino
en serie, sino en el reportero que cubre la noticia. Y no
se preocupa por los asesinatos ni por el juego del “gato
y el ratón”, sino por las percepciones individuales.
El prejuicio y la codicia, no del asesino sino de quienes
le persiguen.
El reparto principal lo completan el mejicano Damián
Alcázar como Vinicio Cepeda, un humilde vendedor
que es “demonizado” por la comunidad luego de
ocasionar accidentalmente la muerte de un niño, y
el versátil Alfred Molina (el pintor Diego Rivera
en “Frida” y el doctor Otto Octavius en “Spiderman
2”). Molina interpreta al presentador de “Una
Hora con La Verdad”, quien tiene en “el monstruo
de Babahoyo” una forma eficiente de satisfacer el
morbo de su público. Es además el jefe directo
de Manolo, el personaje de Leguizamo. Molina es un gran
actor pero su español es realmente malo. Cada escena
en la que participó me sustrajo de la película.
Es difícil creer que quien se supone lidera un programa
dirigido a televidentes de habla hispana, no pueda hablar
español. Molina fue en mi opinión mal utilizado
en esta película. Pero su rol es completamente secundario,
y por ello este error no afecta la calidad general del filme.
Damián Alcázar en cambio, es perfecto como
Vinicio. Un acierto total de casting. Vinicio es un hombre
dócil, a todas luces una víctima de las circunstancias.
Sin embargo, su mirada triste y resignada parece ocultar
algo distinto, tal vez siniestro. Manolo, sediento de noticias,
visita a Vinicio en la cárcel, donde este último
espera su enjuiciamiento por una muerte que accidentalmente
ha ocasionado. Lo que hubiese terminado en un reportaje
de “relleno” mientras la búsqueda del
“monstruo” continúa, se torna en algo
mayor cuando Vinicio confiesa a Manolo que tiene información
respecto del paradero del asesino en serie. Y tal vez más.
Manolo ve en Vinicio a un hombre injustamente apresado,
un hombre honesto, sufrido. Tal vez quiere, necesita verle
de esa forma. Después de todo puede utilizarlo para
obtener preciada información sobre “el monstruo”.
¿O es acaso Vinicio quien utiliza a Manolo? La relación
entre ambos se convierte en el soporte emocional sobre el
que descansa la película.
Nota aparte merece el también cineasta Camilo Luzuriaga,
verdadero pionero del cine ecuatoriano gracias a cintas
como “Entre Marx y Una Mujer Desnuda”, “La
Tigra” y la recientemente “1809-1810, mientras
llega el día”. En “Crónicas”
Luzuriaga prueba eficazmente sus dotes de actor interpretando
a Bolívar Rojas, capitán de la policía
local. Rojas es tal vez el último policía
honesto del lugar, unidimensional, concentrado sólo
en realizar su trabajo. La presencia de Manolo y su grupo
de reporteros le desagrada e incomoda. Entorpecen su labor.
“Crónicas” recibió una mención
especial en Cannes y fue galardonada en el Festival de Cine
de San Sebastián. La película es un análisis
de las percepciones humanas y su subjetividad. De lo fortuito
de la vida y las cosas sin explicación. Envuelta
en un paquete de “thriller policial” es, gracias
a Cordero, mucho más.
|