Septiembre 8 del 2007
Die Hard 4.0 es un triste ejemplo de cómo un rebelde puede transformarse en lo que motivó su rebelión. La primera Die Hard se convirtió en un evento cultural gracias a la vulnerabilidad de su protagonista, el policía neoyorquino John McClane. A diferencia de sus héroes contemporáneos (Rambo, Dutch, Riggs, Rocky), McClane no era invencible. No tenía fortaleza sobrehumana ni el plan perfecto, y en lugar de sobrarle músculos le faltaban zapatos. Lo único que le sobraba era cinismo y un sentido del humor que le permitía imaginarse que, tal vez, sobreviviría hasta el final del filme, pero nada parecía seguro, ni para él, ni para el público.
Fue una bofetada para Stallone, Van Damme, Seagal, Gibson, Schwarzenegger (quien inclusive es mencionado cómicamente en la película). McClane era un héroe a su pesar, “la piedra en el zapato”, “la mosca en el pastel”, tal vez no tenía muchas posibilidades de ganar, pero “ahora tenía una metralleta”, jo jo jo.
El McClane de Die Hard 4.0 es otra persona completamente. Es un superhombre siempre listo para salvar el día, sin dudas ni titubeos. Esta película es una traición a la obra original, una mancha en el legado de la serie. Y ese es su principal problema, la herencia que pesa sobre las espaldas del filme. De tener otros antecedentes cinematográficos, podríamos concluir que Die Hard 4.0 se trata de un filme entretenido, útil para disfrutar de escapismo de calidad y olvidarnos por un par de horas de los problemas de la vida diaria. Lamentablemente se trata del primer filme de la serie Die Hard en más de 10 años, las expectativas eran naturalmente altas y no fueron atendidas.
Willis nos ofrece su acostumbrado nivel alto de interpretación y aunque trata con modismos de recordarnos que estamos frente John McClane, el guión se encarga de que lo olvidemos inmediatamente.
El villano es insípido (Timothy Olyphant) y ni la sombra de sus predecesores, la hija de McClane es más una excusa narrativa que un personaje por el que podamos sentir ninguna preocupación, y Justin “chico de los comerciales Apple” Long es sólo un nerd aburrido, cuando bien pudo ser un nerd interesante.
¿Cuánto de la culpa recae sobre los hombros del director? Poca. Len Wiseman no hubiera sido mi primera opción para dirigir una película de Die Hard (es demasiado glamoroso), sin embargo el problema de fondo es el corazón de todo filme: el guión. El guionista (Mark Bomback) no entiende quien es John McClane, y mal puede entonces escribir una buena película sobre él.
La trama gira en torno al potencial del terrorismo informático para generar caos en la sociedad moderna, y pudo perfectamente ser la historia detrás de una exitosa cuarta parte de la zaga Die Hard. Sin embargo, debido a la falta de comprensión de quien es McClane, lo que tenemos es una ordinaria película de acción, tan efímera como la vigencia de sus efectos especiales.
CALIFICACIÓN:
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