Marzo 1 del 2007
El cine, más que ninguna otra forma de expresión, debería ser una permanente fuente de originalidad. Una buena película es una puerta a la imaginación del creador (o creadores) cinematográfico y además una verdadera extravagancia sensorial. Sonido e imagen se reúnen, hoy, gracias a la tecnología, sin limitante de ninguna clase.
Es por ello que la reciente ola de remakes, secuelas, prequels, versiones “re-imaginadas”, etc, de películas previas (ola que parece no tener fin en el horizonte) me producen un gran bostezo de aburrimiento, y en cambio, por el mismo motivo, películas como El Laberinto del Fauno me llenan de expectativa y entusiasmo. Entusiasmo por descubrir algo verdaderamente original, algo realmente nuevo. Debe ser un orgullo para Latinoamérica que la vanguardia actual en la creación de cine original la lideren en gran medida tres directores mexicanos: Alfonso Cuarón (“Children of Men”), Alejandro González Iñárritu (“Babel”), y el director del extraordinario filme materia de este review, el señor Guillermo del Toro.
Vidal es un hombre sádico, inescrupuloso, que pone en evidencia la más grave contradicción del fascismo: busca la justicia a través del trato desigual y el mantenimiento de una clase (o raza) intrínsecamente superior a otra. Carmen no es más que un recipiente para su futuro hijo, y Ofelia un precio inevitable para usar a la madre. Cuando no está abusando verbalmente de todo quien se encuentre cerca, Vidal persigue de manera obsesiva a la resistencia republicana liderada por Pedro (Roger Casamajor), la cual se esconde en las profundidades de un bosque cercano.
Rodeada de violencia, Ofelia descubre un mundo fantástico en un laberinto de plantas y piedra, y es informada por un fauno (Doug Jones, trasmitiendo personalidad debajo de múltiples capas de efectos especiales) que en realidad Ofelia es una princesa, y que su lugar está en un lugar mágico en el subsuelo, junto a su padre el rey, y no entre los mortales humanos. Sin embargo, para poder reclamar su linaje real debe superar tres pruebas, y de esta forma demostrar que su esencia no se ha perdido, pese a sus años de permanencia en el mundo de los humanos.
Del Toro logra un balance extraordinario (muy difícil de alcanzar) entre las escenas en el mundo mágico que sólo Ofelia puede ver y las del cruel mundo “real”. Una da paso a la otra, en forma orgánica, armoniosa. Sin embargo, debo destacar que quienes esperen un filme familiar se llevarán una sorpresa. Aunque El Laberinto del Fauno tiene mucho contenido humano y mensajes que pueden ser apreciados a cualquier edad, es también sumamente violenta, y muestra la inmensa maldad de la que es capaz el corazón del hombre.
Al terminar, la película deja la puerta abierta para la discusión, la cuál ya se ha generado en varios círculos de cinéfilos. Por mi parte puedo decir que si entendemos la realidad como una experiencia personal, la discusión propuesta en reacción al final del filme carece de importancia.
CALIFICACIÓN:
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