Julio
27 del 2005
Empiezo reconociendo lo evidente: producir una buena película
no es un trabajo fácil. Aún más difícil
es atender expectativas irrazonables, creadas por un filme
previo que alcanzó el rango de fenómeno cultural.
Si se agregan factores como nostalgia, inversión
emocional y pérdida de la capacidad de asombro, podemos
concluir que George Lucas tenía delante una empresa
de altísima dificultad cuando decidió filmar
la nueva trilogía sobre la ópera espacial
“Star Wars”.
Sin embargo, el producto final en mi opinión fue
un absoluto fracaso. La nueva trilogía de “Star
Wars” (incluyendo el último filme, “Episode
III” que revisaré brevemente más adelante)
no es más que una inmensa oportunidad perdida.
Revivir las
emociones y momentos producidos por la trilogía original
(1977-1983) era, tal vez, imposible. Pero quienes convertimos
a “Star Wars” en el primer fenómeno cultural
cinematográfico merecíamos más que
esto. Mucho más.
Lo rescatable
de toda esta experiencia, es que la nueva trilogía
representa un ejemplo contundente de lo que generalmente
ocurre cuando ciertos principios fílmicos no son
respetados. A continuación desarrollo algunos de
estos principios:
1. El
mejor filme posible resulta del trabajo conjunto de varios
talentos creativos
Ha sido un
secreto a voces durante algunos años ya que Lucas
no es el mejor de los directores y que además sus
pocas dotes en dicha área no han añejado bien.
Lo que sí ha crecido desproporcionadamente (gracias
a su habilidad como hombre de negocios) es su poderío
económico. Esto ha ocasionado que el ego de Lucas
no tenga parangón, y sus miles de empleados no sean
más que “hombres sí”, incapaces
de cuestionar en forma alguna la dirección de los
filmes. No es casualidad que en forma unánime para
la crítica (y la gran mayoría de los fanáticos)
la mejor película de la serie “Star Wars”
es el Episodio V (“The Empire Strikes Back”),
película donde Lucas tenía a Irvin Kershner
(quien dirigió el filme) a Lawrence Kasdan (guionista)
y a Gary Kurtz (productor) para canalizar sus conceptos
y suplir sus deficiencias en dirección y diálogo.
“Conocer
nuestros defectos y deficiencias para explotar nuestras
virtudes”, una lección de vida que al parecer
Lucas no aprendió oportunamente. Todos necesitamos
ayuda y en ocasiones el pedirla no sólo mejora el
producto final de nuestro trabajo sino que además
refleja grandeza y ganas de hacer las cosas lo mejor posible.
2. Los
efectos especiales serán siempre una herramienta
al servicio de la trama, y no viceversa
Una y otra
vez se ha demostrado que los seres humanos (adultos en especial)
para verdaderamente disfrutar de un filme necesitamos tener
una conexión emocional con él. Para ello la
película debe presentarnos personajes cuya existencia
podamos aceptar a cierto nivel, no efectos especiales que
nos recuerden constantemente que estamos viendo una película.
No puede haber escapismo sin inversión emocional.
El éxito de la trilogía original no radicó
en sus efectos especiales sino en el carisma y autenticidad
de sus personajes. La prueba más clara de ello la
tenemos en la conservación de su vigencia fílmica.
Al observar la trilogía original hoy, uno puede corroborar
que su efectividad cinematográfica está intacta,
pese a la edad de sus efectos especiales. ¿Podremos
decir lo mismo de la nueva trilogía en 20 años?
Otra prueba
contundente: compare usted el poder emocional de cualquiera
de los duelos de la trilogía original con los de
la nueva trilogía. Los segundos están a años
luz de los primeros a nivel de efectos especiales, coreografía
y hasta realismo. Sin embargo, los primeros nos afectan
e involucran a un nivel emocional imposible de alcanzar
por cualquier momento de la nueva trilogía. En lugar
de presenciar un juego de video, vivimos una experiencia.
3. El
carisma y la capacidad histriónica de un actor es
más importante que su atractivo físico
Hay ciertos
rostros a los que la cámara quiere más. Esto
es una realidad. La presencia física es importante
para cualquier tipo de actor. Sin embargo, la presencia
física (y peor aún el atractivo físico)
jamás podrá reemplazar el carisma y los atributos
del talento. La nueva trilogía gira en torno casi
exclusivamente a Anakin Skywalker. El ancla emocional de
los tres filmes es dicho personaje, consecuentemente la
decisión más importante de todas es, sin duda,
escoger al actor para interpretarlo. Está a la vista
de todos que Hayden Christensen es un actor de alcance limitado.
No es necesario ser cínico para concluir que se le
dio más importancia a su físico que a su talento
en el proceso de casting. El resultado fue un personaje
que no despertó simpatía en nadie, unidimensional,
plano, carente de carisma, cuyo destino no era importante.
Estas son
sólo algunas de las máximas del cine que han
existido desde sus orígenes. No estamos descubriendo
la pólvora. Sin embargo, Lucas las olvidó
(o decidió olvidarlas) al filmar su nueva trilogía
y desperdició una oportunidad histórica de
crear un nuevo evento cultural, en homenaje a quienes le
dimos el imperio sobre el cual descansa hoy.
En cuanto
a “Episode III”, no voy siquiera a mencionar
la historia porque la conoce de memoria todo quien esté
visitando esta página y más aún quien
esté leyendo este artículo. El filme en sí
es una repetición de los dos previos a nivel de falencias.
Diálogo mediocre, guión mediocre, dirección
mediocre, actuaciones mediocres (salvo las excepciones de
siempre, Ewan McGregor y Ian McDiarmid), efectos especiales
plásticos y sin dimensión. El paso de Anakin
al lado oscuro (el evento más importante de toda
la nueva trilogía) es tan repentino y apurado que
no tiene ningún efecto dramático o emocional
en el espectador. Hay mejoras respecto de los dos episodios
anteriores, pero es un caso patético de “muy
poco, muy tarde”.
La fuerza
ha muerto. La vida continúa. |