Abril
21 del 2006
Existen documentales ordinarios, polémicos, escandalosos,
manipuladores y existen además los documentales de
Werner Herzog, justos merecedores de una categoría
aparte. Herzog debe ser uno de los directores más
fascinantes e impredecibles de la historia del cine. Ver
sus documentales es siempre (o casi siempre) el equivalente
a abrir una caja de Pandora. Lo que vemos puede ser ficción
presentada como realidad (“Incident at Loch Ness”,
escrita por Herzog), realidad dramatizada (“Little
Dieter Needs to Fly”) o realidad cruda y objetiva.
A este último grupo pertenece “Grizzly Man”.
Casi la totalidad del documental está conformada
por video-grabaciones realizadas por el norteamericano Timothy
Treadwell, quien durante 13 veranos vivió en medio
de osos grizzly en Alaska, Estados Unidos de América.
Convencido de que era el “único protector”
de estos animales, Treadwell acampó meses cada año
en medio de los osos, hablando con ellos, presenciando sus
enfrentamientos, comentando sobre la naturaleza y sobre
la armonía que reina en el mundo animal (aunque varias
de sus imágenes contradicen esta postura, y el propio
Treadwell es sin duda un intruso en el dominio de los osos).
La “protección” brindada por Treadwell
se prolongó hasta que uno de los osos decidió
que había tenido suficiente de este hombre, y lo
convirtió en parte de su dieta alimenticia, devorando
no sólo a Treadwell sino también a su novia
Amie Huguenard (quien en ocasiones lo acompañaba
en sus viajes a Alaska). No es broma.
Las escenas de Treadwell en medio de los osos son interrumpidas
esporádicamente por entrevistas con personas que
conocían a Treadwell, lejana o cercanamente, y las
opiniones que tenían sobre este excéntrico
individuo (“recibió la que merecía”,
“era un ser humano extraordinario”).
Adicionalmente tenemos a la largo del documental los comentarios
de Herzog respecto de la contradictoria naturaleza de Treadwell.
Herzog no oculta sus discrepancias con el auto-designado
“protector de animales” (“creo que
el elemento común del universo no es la armonía
sino la hostilidad, el caos y la muerte. La mirada indiferente
de los osos no creo que revele la sabiduría comentada
por Treadwell, sino un aburrido interés en comida”)
y su postura enriquece la interesante dualidad interpretativa
del documental.
“Grizzly Man” cumple con las expectativas
creadas por todo nuevo documental que tenga el sello de
“obra de Herzog”: es sorpresivo, complejo y
extraordinario. Pero que a nadie le quede duda alguna, este
es el show de Treadwell y es la naturaleza humana -no la
animal- la verdadera materia de análisis.
CALIFICACIÓN:
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