Abril 4 del 2006
La mayoría de las buenas películas que abordan
el tema de la guerra entienden que contemplar todo el conflicto
en forma macro deriva en lejanía y falta de involucramiento
por parte del espectador. Es por ello que por lo general
muestran la historia y la focalizan a través de los
ojos de un personaje con el que podamos (al menos en cierta
medida) identificarnos (Chris Taylor en “Platton”,
Benjamin L. Willard en “Apocalypse Now”,
Ericsson en “Casualties of War” y John
H. Millar en “Saving Private Ryan”).
Lo propio ocurre con “Jarhead” la nueva película
de uno de los considerados niños-genios del mundo
artístico: Sam Mendes (prestigioso director de teatro
que salto a la fama en Hollywood gracias a “American
Beauty”, ganadora del Oscar el mejor filme en 1999).
En este caso el personaje es Tony Swofford (Jake Gyllenhaal
en un rol intenso y bastante distante del que interpretó
en la polémica “Brokeback Mountain”)
y la guerra es la del Golfo Pérsico´91. Swofford
fue un soldado de la vida real, en cuyas memorias se basa
el presente filme. Y tal como ocurre en la vida real se
enlistó en el ejército sin mayor análisis,
y sin esperar encontrarse en el medio de un conflicto.
Pese al común denominador del “personaje principal
identificador”, esta es una película tan distinta
a las mencionadas líneas arriba como lo son las guerras
revisadas en cada una. Vietnam (“la guerra de los
mil años”) no pudo ser más diferente
que la del Golfo Pérsico ´91 (“la guerra
de los cuatro días”), y lo mismo podemos decir
de la 2da Guerra Mundial (donde el enemigo era de fácil
acusación y la guerra en sí de simple racionalización).
Esta realidad distingue en forma marcada a esta película
de los anteriores filmes de guerra. Swofford atraviesa el
mismo proceso de inducción que siempre ha existido
dentro del cuerpo militar (vejamen verbal de sus superiores,
abuso inicial de sus compañeros, abuso físico,
etc) y luego desarrolla las necesarias relaciones de hermandad
con uno o más soldados (en este caso, con Troy, interpretado
en forma convincente por el enigmático Peter Sarsgaard),
sin embargo, al llegar al frente de batalla, en lugar de
soldados enemigos Swofford encuentra desierto, sol, pozos
de petróleo ardiendo y más sol. Mucho que
observar, poco que disparar.
Es precisamente en el aspecto visual donde el talento de
Mendes brilla con mayor fuerza en este filme. Las escenas
en el golfo son realmente extraordinarias, especialmente
durante la noche. El petróleo envuelto en una llamarada
de fuego apuntando al cielo le da un efecto de surrealismo
al campo de batalla, resaltando lo extraño y sin
precedentes de esta guerra. Lamentablemente -a diferencia
de lo ocurrido en “American Beauty”- la indiscutida
capacidad de Mendes no se ve reflejada con tanta efectividad
en el área narrativa. La historia a ratos no va a
ningún lado y ciertas escenas parecen estar ahí
para beneficio de las fanáticas de Gyllenhaal en
lugar de la historia. Aún así no puedo dejar
de recomendar el filme. Nos muestra en forma efectiva la
experiencia de un soldado humano (no una caricatura tipo
“Rambo”) en una guerra distinta, y las secuelas
que ésta deja en quienes participan de una forma
u otra en el conflicto. Al final no importa si la guerra
dura mil años o cuatro días, si es en el desierto
o en la selva, si mueren muchos o mueren pocos, las personas
que participen en ella nunca serán las mismas.
CALIFICACIÓN:
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