Enero
23, 2004
"The
Last Samurai" ("El Ultimo Samurai") es una
película extraordinaria con un final ordinario. Justo
antes de permitirme concluir que me encontraba frente a
un trabajo valiente y original, la película invade
territorio familiar y seguro. Casi pude recitar los últimos
15 minutos mientras ocurrían.
"The
Last Samurai" está situada en el siglo 19. Japón
(o mejor dicho, quienes tienen el poder económico
en Japón) desea "evolucionar" de sus viejas
tradiciones y "acercarse" a la cultura y comercio
occidentales. Por su parte, los Estados Unidos (o mejor
dicho, quienes tienen el poder económico en Estados
Unidos) desean "desarrollar" sus relaciones comerciales
con Japón (especialmente la venta de armas, que curioso).
En el camino de ambos, como una piedra en el zapato, se
encuentra un grupo de samuráis leales al emperador
(sometido cada vez más a los nuevos grupos de poder)
pero no a la "occidentalización" que éste
consiente.
Tom
Cruise es Nathan Algren, veterano y héroe de guerra
norteamericano que además es cínico y alcohólico
gracias a su memoria. Puede ser algo terrible, la memoria.
Especialmente la de los veteranos de guerra. Algren es contratado
para entrenar a un grupo de soldados japoneses y asegurar
la victoria sobre los rebeldes samuráis.
Con
poco tiempo de entrenamiento y contra su mejor juicio, Algren
lidera el primer ataque a los samuráis. Los soldados
japoneses son masacrados y Algren capturado. Katsumoto (Ken
Watanabe), el líder de los samuráis, impresionado
con el heroísmo y actitud indomable exhibidos por
Algren en el campo de batalla, decide dejarle vivir. Desea
"estudiar a su enemigo". El núcleo de la
trama es la convivencia del prisionero norteamericano con
la cultura samurái, su descubrimiento de una nueva
forma de vida y las consecuencias de este descubrimiento.
La
película nos muestra crudamente la rígida
cultura samurái y el inflexible código que
la gobierna. Una viuda es obligada a convivir con quien
mató a su esposo, ya que la muerte de éste
fue "buena" y en el campo de batalla. Los sentimientos
son silenciados por el deber y los instintos de supervivencia
subordinados al honor.
Hoy
en día sólo los más audaces dudan del
talento de Tom Cruise. La Academia le ha negado -injustamente
en mi opinión- el Oscar en 3 ocasiones ("Born
In The Fourth Of July", "Jerry Maguire",
"Magnolia") pero su marca en el cine es ya imborrable.
En "The Last Samurai" Cruise nos da una entregada
y convincente interpretación de un hombre atormentado
por sus recuerdos pero fortalecido por sus nuevas convicciones.
El problema es que el guión no le permite a Nathan
Algren atender su natural destino sino que lo fuerza a respetar
la fórmula "Hollywood".
En
adición al trabajo de Cruise, tenemos la excelente
actuación de Ken Watanabe como Katsumoto, el líder
de los Samuráis. Este hombre es otro ejemplo claro
del poder que tiene una mirada y el alcance histriónico
que tiene la simple presencia. La dirección también
es de primer orden, Edward Zwick logra mantenernos interesados
pese a los 150 minutos de filme. Combina con eficacia acción
y drama, ritmo y paciencia, impacto y contemplación.
La
escenografia y coreografía en esta película
son extraordinarias. El paisaje nos envuelve y hay una pelea
entre samuráis y ninjas que por sí sola devenga
el costo de la entrada al cine (al menos para los hombres
entre 10 y 50 años de edad).
Mi
problema con la película son las últimas páginas
del guión. Lo que empieza como una fuerte acusación
al imperialismo termina exhibiendo uno de sus principales
motores: la arrogancia de pensar que siendo extraños
en una cultura, no sólo podemos decidir lo que es
mejor para ésta sino también aprenderla en
poco tiempo y superar a sus originales practicantes. |