Mayo
13 del 2005
Los
seres humanos soportamos una continua e interminable contradicción
emocional. Sabemos que lo eterno y trascendente está
en el interior, sin embargo nuestra propia naturaleza carnal
nos lleva una y otra vez a lo externo, a la superficie,
a lo temporal. En el proceso, lastimamos a los demás
y nos lastimamos a nosotros mismos. “¿Quien
va a acercarse lo suficiente a una persona fea para conocer
su interior?” cuestionaba uno de los ejecutivos de
un concurso de belleza, en reciente entrevista para el diario
New York Times. Esta es quizá la prueba más
latente de nuestra miseria humana, tal vez ineludible.
“Look
At Me” dirigida Agnes Jaoui (“The Taste of Others”)
explora esta realidad en forma convincente y real. La película
es francesa, lo que quiere decir que en lugar de escapismo
irreverente y ajeno (ejemplo: el 90% de los filmes producidos
por Hollywood para el espectador-masa) recibimos identidad,
familiaridad y hasta paz en su realismo. El filme gira en
torno a Lolita Cassard, (Marilou Berry) una talentosa cantante
clásica, sensible y de buen corazón, pero,
gorda. Su padre, Etienne Cassard (Jean-Pierre Bacri) es
un célebre escritor y solo tiene tiempo para sumergirse
en su propio ego y exhibir a su esposa-trofeo, Karine (Virginia
Desarnauts). Nos muestra las vidas de estas personas, sus
dudas, sus éxitos y sus interacciones sociales.
Lolita
no sólo tiene que lidiar con su sobrepeso sino también
con la celebridad de su padre. Hombres la buscan pero por
ser hija de Etienne, lo cual -en opinión de ella-
es más evidente aún considerando su apariencia
externa. El filme no convierte a Lolita en una víctima
ni nos manipula a sentir lástima por ella. De hecho,
gran parte del problema de Lolita es su cinismo y completa
ausencia de confianza en sí misma. Debo decir que
el punto más alto de la película (como ocurre
con lo general con el cine francés) son las interpretaciones
de sus actores. Cada uno brilla con luz propia y presenta
una actuación brillante y completamente convincente.
Estas son personas de carne y hueso, no personajes en un
guión.
La
historia fluye en forma dinámica, en ningún
momento nos sentimos expuestos a un placebo narrativo ni
a clichés anticipables. Sin embargo, de nuevo, lo
mejor del filme no es la escenografía, ni la originalidad,
sorpresa o calidad recreativa de la historia, lo mejor del
filme está en sus personajes, en lo familiar y real
de sus personalidades. Al final, interpretaciones de este
nivel son siempre mérito del director.
Este
tipo de cine puede resultar absolutamente refrescante, en
especial cuando la cartelera está llena de cine-consumo,
extraño a la vida y enemigo de las neuronas. |