Enero 11, 2004
Lost In Translation ("Perdido en la Traducción")
fue mi película favorita del 2003.
El
sentido común nos dice que el crítico de cine debe
realizar un análisis objetivo de la película que
califica. Evaluar los aciertos y errores en la historia, los personajes,
las imágenes, la actuación, la narrativa, la dirección.
Sopesar lo positivo con lo negativo y calificar en forma consecuente.
1+1=2. Tengo muy poco tiempo en esta actividad y, sin embargo,
el suficiente para decirles que el análisis puramente objetivo
de una película es casi imposible.
Toda
opinión respecto de una experiencia cinematográfica
esta necesariamente cargada de subjetividad, salvo que quien escriba
el review sea de metal. Es muy difícil separar los atributos
objetivos de lo que vemos en la pantalla de lo que la película
nos hace sentir . Ni deberíamos intentarlo. Las
películas no son tan solo productos de consumo (resérvense
las réplicas cínicas por favor), son mucho más
que eso. Son un conjunto de sentimientos conservados, congelados
en tiempo y espacio.
Dicho
esto, les confieso que "Lost In Translation" fue mi
película favorita del 2003 no sólo por lo que vi
en la pantalla sino también por lo que sentí
.
Sofia
Coppola, la hija del prestigioso director de cine Francis Ford
Coppola ("El Padrino", "Apocalypse Now") nos
presenta su segundo trabajo de dirección luego de la brillante
"The Virgen Suicides". Coppola fue abucheada por la
crítica durante su efímera carrera como actriz,
mas, ahora, los mismos críticos no encuentran suficientes
adjetivos para reconocer su talento como directora y guionista.
"Lost In Translation" es la historia de dos extraños
en un medio extraño, que al conocerse encuentran familiaridad
en sus preguntas frente a la vida.
Bill
Murray, famoso por su comedia y no por su drama, sorprende a todo
el mundo en esta película con su interpretación
de Bob Harris. Bob es un célebre actor norteamericano que
viaja a Tokio a filmar un comercial (por el dinero, no por las
virtudes del producto) y al llegar se encuentra solo y desorientado,
perdido entre el lujoso hotel Hyatt y el folclore local. Su esposa
le envía faxes desde el otro lado del Atlántico
no para saludarle o preguntarle como está, sino para hacerle
preguntas frívolas sobre la decoración de la casa.
En medio de todo esto, Bob conoce a Charlotte (la hipnótica
Scarlett Johansson, créanme cuando les digo que pocas veces
un rostro tan fascinante ha llenado la pantalla de cine), una
joven que tiene la mitad de su edad pero tal vez el doble de melancolía.
Charlotte
vive los primeros años de matrimonio con John, un exitoso
fotógrafo de celebridades (Giovanni Ribisi), pero ya siente
que en lugar de una musa es una molestia. Escucha apática
las conversaciones entre John y una de sus clientes. Espera en
el Hyatt de Tokio, sola, mientras su esposo trabaja alrededor
de la ciudad. No sabe si su esposo aún la quiere. No sabe
si ella aún quiere a su esposo.
Hasta
el momento la trama parecería aproximarse a territorio
familiar, sé lo que algunos están pensando: Bob
y Charlotte se enamoran y tienen un tórrido romance prohibido
en medio de la magia japonesa, familias enteras destruidas por
la lujuria y la pasión, 40 y 20, ¿no es verdad?
No en esta película. Para esta película un desenlace
de ese tipo seria aburrido y poco interesante.
La
relación que nace entre Bob y Charlotte es mucho más
compleja, es una mezcla de identidad y atracción, de preguntas
y respuestas que solo dos extraños pueden hacerse, y contestar.
Tal como lo expresa genialmente el crítico Roger Ebert,
"comparten algo tan personal como los sentimientos, en
lugar de algo tan genérico como los genitales".
Sentimientos sobre la vida, el matrimonio, el significado de todo.
"¿ Se vuelve más fácil con el tiempo?"
pregunta Charlotte a Bob en una de las escenas de mayor ternura
en la película, "no" contesta Bob, y luego de
una pausa como si fuese la primera vez que escucha la pregunta,
"pero aprendes a que no te afecte".
Es importante destacar que la película
no es tan sólo drama. Hay un par de escenas muy graciosas
en las que Murray nos recuerda porque es un comediante de prestigio
mundial. Lo interesante es que en lugar de distraernos de su interpretación
de fondo, estos chispazos de comedia hacen su drama aún
más poderoso y especial.
El trabajo de Coppola es genial. La forma en que interpone el
colorido y energía de Tokio con la ansiedad y soledad de
los protagonistas es poderosa e impactante. Eleva la conexión
entre Bob y Charlotte, le da más belleza, la hace trascendente.
El final de la pelicula -que por supuesto me lo reservo- es un
ejemplo de clase y profundidad, dos señas particulares
de los grandes directores de cine. Sofia Coppola superará
a su padre.
CALIFICACIÓN:




OPINIONES:
- Nombre: Peñita / Fecha: Jueves, Enero 29, 2004 8:46 am / Asunto: "Lost in Translation"