Marzo
31 del 2005
El 2004 fue el año en que el difícil tema
de la eutanasia entró nuevamente en la agenda de
las masas, gracias mayormente a dos controversiales películas
(y recientemente al caso de Terri
Schiavo): “Mar Adentro” dirigida por el
genio español Alejandor Amenábar y “Million
Dollar Baby” de unos de los actores/directores más
exitosos de la historia del cine: Clint Eastwood. Son películas
extremadamente distintas en su enfoque sobre el tema, pero
ambas contienen un elevado grado de mérito artístico.
“Mar
Adentro” es una película semi-biográfica
(pese a que no lo aclara como debería) sobre el español
Ramón Sampedro, quien durante 30 años lucho
para que le quiten su vida, ya que no la consideraba digna
en su estado de tetrapléjico. Ramón sufrió
un absurdo accidente a los 26 años de edad y quedó
paralizado en gran parte de su cuerpo. El filme muestra
los últimos años de su vida, cuando ha pasado
ya gran parte en una cama, dentro de un pequeño cuadro,
con una ventana que le ofrece un paisaje inalterable y permanente.
Sampedro
es interpretado por Javier Bardem (“Antes de que
Anochezca”) como un hombre resignado y terco
pero al mismo tiempo de buen corazón y sentido del
humor. Barden es para muchos el mejor actor de España,
y en esta película desaparece por completo en el
personaje que interpreta. La narrativa se divide entre los
sueños de Sampedro y su interacción con quienes
le visitan y rodean. Amenábar nos muestra los anhelos
del protagonista con imágenes de recuerdos, vuelos
y traslados astrales. Es una dirección fílmica
llena del talento y la confianza a la que nos tiene acostumbrados.
Ramón
busca una declaratoria judicial que le permita recibir la
muerte sin responsabilidades para quienes le ejecuten (“vivir
es un derecho, no una obligación”). Julia (Belen
Rueda) una joven e idealista abogada se ofrece en ayudarle
y su cliente descubre que tiene más de una cosa en
común con ella. Rosa (Lola Dueñas) una mujer
humilde del pueblo cercano se enamora de Ramón y
no desea otra cosa que servirle. Además están
su hermano y su cuñada quienes le cuidan con paciencia
y abnegación y su sobrino Javi (Tamar Novas) quien
le quiere y respeta como a un padre. Sin embargo, no hay
nada ni nadie que pueda disuadir a Ramón de sus convicciones.
Desea morir. Mientras más rápido mejor.
El
cine es un arte de mucha complejidad. No es fácil
definirlo. Puede ser varias cosas en varios casos, o muchas
cosas a la vez. Sin embargo, hay algo que el cine siempre
logra, sea a nivel conciente o inconciente, superficial
o profundo: el cine educa. Es ahí donde tiene su
principal fuente de responsabilidad para el cineasta. Y
no me refiero a juicios de valor. Me refiero a presentar
una visión honesta, transparente, sin engaños
ni ambigüedades. Esta es una responsabilidad inexigible
en derecho ya que siempre primará la libertad de
expresión. Al final, queda en las manos de cada director
de cine decidir que hacer con el foro de poder que les ha
sido concedido.
El
filme de Amenábar es sin duda, desde el punto de
vista técnico y artístico, una gran obra.
Pero no es muy honesta. Lo cual, considerando lo polémico
e importante del tema tratado, más su inmensa capacidad
de difusión, es imperdonable.
La
película se toma muchas libertades con la vida verdadera
de Ramón Sampedro. Llena muchos espacios con diálogos
y eventos ficticios para fines estrictamente dramáticos.
Por ejemplo, no se menciona siquiera que Ramón tenía
la más leve de las lesiones que causan tetraplejia,
la denominada “lesión 7”. Este es un
tipo de lesión que permite a través de terapia
recuperar en gran medida la movilidad de los brazos. Eso
si, requiere constante trabajo, esfuerzo y más que
nada motivación. No destaco esto como un ataque al
carácter de Sampedro, sería iluso de mi parte
pretender siquiera conocer sus reales demonios y tormentos.
Sin embargo es una hecho importante, ya que la movilidad
de sus brazos le hubiese permitido suicidarse por si mismo,
sin necesitar la asistencia de otros. Otro ejemplo, todo
el diálogo entre el sacerdote Luis de Moya y Ramón
en el filme es ficción, esto ha sido confirmado por
el propio sacerdote www.luisdemoya.org,
dato trascendente ya que el diálogo entre ambos ridiculiza
la postura de intentar motivar a un tetrapléjico
a encontrar sentido a su vida.
“Mar
Adentro” tiene indiscutible mérito artístico,
lo que torna aún más lamentable que carezca
de verdadera integridad. Amenábar asegura que es
la historia de un hombre y no de lo correcto o equivocado
de sus decisiones. Entendido, pero entonces que nos muestre
al hombre y no al personaje que atiende los objetivos y
propósitos del guión. |