Mayo
14 del 2006
Mission Impossible III es como esa canción
ultra-comercial y pre-fabricada que escuchamos cuando estamos
solos, como esa hamburguesa super-procesada y preservada
que disfrutamos con cara de cómplices, como esa novela
llena de clichés y falso drama que vemos cuando nadie
nos ve, sabemos que estamos frente a mediocre calidad, sabemos
que podemos escuchar-comer-ver algo mucho mejor, pero, caramba,
el disfrute no nos lo quita nadie. Es el denominado “placer
culposo”.
Nuevamente
Tom Cruise repite su rol del superhombre-agente secreto
Ethan Hunt, en esta ocasión en lugar de una simple
caricatura es una simple caricatura con vida personal. Hunt
se ha casado recientemente con la hermosa Julia (Michelle
Monaghan), quien tiene el trabajo de mostrarse enamorada
de Cruise durante los 15 primeros minutos de la película
y gritar por su propia vida durante los últimos 15.
Rhames Ving repite su rol como Luther Strickell, integrante
del grupo de espías liderado por Hunt y el único
que lo ha acompañado en los 3 filmes.
El
reparto principal lo complementan Philip Seymour Hoffman
como Owen Davian, traficante de armas implacable e impredecible
(Hoffman aparece poco en la pantalla, y utilizando un tercio
de su talento le basta para ofrecer la interpretación
más interesante del filme.) y finalmente Laurence
Fishburne como Brassel, jefe de Hunt en IMF (Imposible
Mission Force), mostrando una vez más la intensidad
a la que nos tiene acostumbrados.
Todos
estos actores han estado en mejores filmes, pero Mission
Impossible III ofrece lo que promete: entretener y
ofrecer escapismo durante 2 horas. ¿Puede la trama
haber sido trabajada y desarrollada con mayor esfuerzo?
Sin duda. En esta ocasión los guionistas ni siquiera
se tomaron la molestia de explicar que exactamente es lo
que IMF y Davian persiguen con tanta vehemencia. Por otro
lado Julia es una simple herramienta narrativa para tratar
de darle a Hunt un perfil más humano y una motivación
más identificable para los espectadores (es secuestrada
por el villano del filme en represalia a una transacción
ilegal interrumpida por Hunt y su equipo).
¿Pudo
la película ser mejor? Pudo. Los elementos de planificación
intelectual y preparación previa, así como
la verdadera ejecución conjunta de lo planificado
eran uno de los fuertes de la serie televisiva, y en esta
versión fílmica se encuentran absolutamente
ausentes: el show pertenece a Hunt y a nadie más
(a diferencia de la primera película en donde Brian
De Palma intentó incorporar estos elementos). Sin
embargo, las escenas de acción son las mejores de
los tres filmes y el director J.J. Abrams (veterano de la
televisión con Alias y recientemente Lost)
mantiene un seguro y eficiente ritmo narrativo.
En
forma reiterada he reconocido las múltiples funciones
que cumple el cine, entre las que sin duda se encuentra
entretener al público. Mission Impossible III
hace exactamente eso, entretiene, y ni un poco más.
CALIFICACIÓN:
  
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