Abril
9 del 2006
Existe más de un Spielberg. Existe el Spielberg-entretenimiento,
director de “ET, The Extra-terrestrial”, “Jaws”,
“Raiders of the Lost Arc”, “Jurassic Park”,
y existe el Spielberg-concientizador social, director
de “The Color Purpure”, “Schindler's List”,
“Amistad” y ahora “Munich”. En este
sentido, pocos directores evidencian como Spielberg las
diversas aplicaciones del arte cinematográfico. El
cine es entretenimiento. Y el cine también es una
herramienta de afectación social. Personalmente me
alegra que tengamos a los 2. El buen cine es buen cine,
sin importar el género o tipo. Aprecio tanto el escapismo
como el desafío ideológico, el descanso de
las neuronas como su estimulación.
“Munich” revisa la reacción israelí
al atentado terrorista perpetrado en Munich por un grupo
extremista palestino conocido como “El Septiembre
Negro”, durante las Olimpiadas de 1972. El resultado
del atentado fue la muerte no sólo de los terroristas
sino también de 11 atletas israelitas. El gobierno
de Israel decide organizar en forma extra-oficial un “escuadrón
de la muerte”, que se encargue de perseguir y eliminar
a los responsables de lo ocurrido en Munich. Dejando de
lado consideraciones subjetivas y eufemismos, se trata de
un grupo de personas conformado para asesinar, lo cual convierte
a sus integrantes en asesinos (“es extraño
pensar en uno como en un asesino” - “piensa
en ti como algo diferente entonces”).
El escuadrón judío está liderado por
Avner (Eric Bana, en otra gran interpretación que
consolida lo demostrado en “Troy”), un ex guardaespaldas
con una esposa y descendencia, pero también con una
fuerte conciencia de deber y lealtad. Lo acompañan
Steve (Daniel Craig), el ejecutor, Carl (Ciaran Hinds),
quien se especializa en hacer desaparecer evidencia, Robert
(Mathieu Kassovitz), constructor de bombas, y Hans (Hanns
Zischler), falsificador de documentos. El intermediario
entre el Gobierno de Israel y este grupo de contratistas
“extra-oficiales” es Ephraim (el galardonado
Geoffrey Rush), quien siempre parece saber más de
lo que dice y decir más de lo que sabe.
El talento visual y narrativo de Spielberg puede apreciarse
a lo largo del filme, así como su habilidad natural
para crear suspenso y sostenerlo. De hecho, hay una escena
en la película que ya es conocida en el mundo de
los cinéfilos como la “escena de la niña
y la bomba” (los tendrá a todos en el filo
del asiento). Las actuaciones son todas de primer orden,
especialmente la de Bana como un hombre cada vez más
atormentado por la imposibilidad de continuar racionalizando
lo que poco a poco comprende no es más que una doble
moral y, aún peor, una agujero sin fondo (“no
hay paz al final de esto”).
“Munich” es un gran filme, pero lo más
admirable no son sus atributos cinematográficos sino
la valentía de su director. Spielberg debe ser el
judío más famoso del mundo (occidental) actualmente,
y es realmente admirable el que haya decido filmar una película
como esta, donde se observa el conflicto israelita-palestino
desde una perspectiva que intenta en todo momento ser objetiva.
Especialmente considerando que no tenía porque hacerlo,
al menos no en los ojos de nadie más que él.
Se vuelve a corroborar el inmenso poder del cine. “Munich”
ha generado múltiples dolores de cabeza para su director
(a quien se lo ha acusado de ser desde “moralmente
neutro” hasta “enemigo de Israel”) pero
al mismo tiempo pone en evidencia la futilidad de un conflicto
que no ha hecho más que generar dolor y muerte, generación
tras generación.
CALIFICACIÓN:
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