Julio
9 del 2006
Room 36 no es un filme cualquiera. Es un ejemplo
de la perseverancia, amor por el arte y espíritu
indomable del creador cinematográfico independiente.
Esta producción inglesa fue iniciada oficialmente
en Abril de 1994 y su primera exhibición en Londres
fue en Agosto del 2005. Los múltiples problemas que
la aquejaron incluyen la destrucción por incendio
del laboratorio donde se procesaba el filme, la descontinuación
en la fabricación de la cinta especial de blanco
y negro utilizada, la necesidad de financiamiento adicional
e inclusive la muerte de Norman Mitchell, uno de los actores
secundarios del reparto. Todo esto mereció que Room
36 sea calificada como “la película
que se niega a morir” y signifique un especial
logro para sus realizadores y un recordatorio del interminable
combustible que genera la pasión artística.
La
obra resultante es una película que rinde efectivo
tributo al género del film noir, alcanzando
la atmósfera necesaria de misterio, desesperanza
y permanente sensación de intranquilidad. Portia
Booroff es Woods, una mujer poseedora de un secreto que
podría derrumbar al gobierno inglés. Woods
está en camino al cuarto 36 de un decadente hotel
de Londres para sostener una reunión que permitiría
el aprovechamiento de la información obtenida. Lo
que no sabe Woods es que quien realmente la espera es un
asesino contratado para eliminarla (Connor, interpretado
por Paul Herzberg). Por otro lado, en el cuarto 38 del mismo
hotel, un obeso y pervertido vendedor (Frank Scantoni) espera
la visita de una prostituta (Nicola Branson), sin embargo,
debido a un reciente capricho del destino la numeración
del cuarto ahora parecería decir “36”
en lugar de “38” y la prostituta visita al asesino,
y no a su ansioso cliente. Lo que sigue son giros narrativos
sorpresivos, sangre y muerte, como debe esperarse de un
filme cuya frase publicitaria es “no es el costo
de los cuartos lo que te matará”.
Dirigida
por Jim Groom (“Revenge of Billy the Kid”),
Room 36 cumple con brindar actuaciones convincentes
y una atmósfera cinematográfica muy particular
que le concede un elemento adicional de originalidad, en
especial frente a las demás alternativas del cine
actual. En adición la fotografía es de primerísimo
nivel, logrando captar en forma por demás convincente
el efecto noir evidentemente perseguido. En realidad
la película parece haber permanecido en una cápsula
de tiempo, oculta desde la época de apogeo del film
noir y desenterrada en pleno siglo XXI. Quizá
el único defecto de importancia del filme esté
en su trama, que promete más de lo que finalmente
otorga, causando una sensación de potencialidad no
atendida. Pero creo que luego de 10 años de batallas
ganadas, los creadores de Room 36 tienen la reciedumbre
para tolerar una objeción por parte de quien se confiesa
admirador de su perseverancia.
CALIFICACIÓN:
  
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