Febrero 20 del 2008
Al parecer en el mundo cinematográfico estamos atravesando lo que podríamos denominar la “era de los documentales”. No por su novedad ya que hace mucho que los tenemos, sino por su nivel de producción y difusión.
“Sharkwater”, un documental que combina y contrasta con gran éxito la belleza de la naturaleza y la crueldad del hombre, nos presenta una óptica muy distinta de uno de los depredadores más temidos. En lugar de ser agresor de humanos, alega este documental, el tiburón es una víctima. Y las cifras y hechos presentados en el filme dejan poco espacio para el debate. La realidad es muy distante a la mostrada por Spielberg en su brillante filme “Jaws”, donde un tiburón ataca y mata a humanos en medio de gritos y desesperación. Lo cierto es que la población mundial de tiburones ha sido reducida por el hombre en un 90% en los últimos 50 años, en gran medida para atender el creciente mercado de aletas de tiburón, surge entonces la pregunta, ¿quién come a quien?
Rob Stewart -escritor, director y protagonista del documental- nos presenta la hermosura del tiburón en los pocos lugares en el mundo donde aún se concentran estos animales en grandes cantidades: Costa Rica y Ecuador (Islas Galápagos). Son los últimos “santuarios” para tiburones alrededor del mundo. Pero aún en estos lugares la población de tiburones está siendo atacada, debido principalmente a la falta de un control efectivo de los gobiernos de dichos países.
Stewart va más allá y presenta una serie de interrogantes interesantes como por ejemplo, ¿qué pasaría con el ecosistema si los tiburones desaparecieran?, esta pregunta adquiere una resonancia especial cuando el documental nos informa que el tiburón es uno de los depredadores más viejos que existen, que nos ha acompañado a los largo de nuestra historia, y al planeta durante mucho tiempo más. ¿Podría tener la desaparición del tiburón una incidencia en el calentamiento global?
Tal vez el defecto principal del filme es el ego de su director. Es indudable que Stewart tiene una inmensa pasión por los tiburones, pero a veces el centro del documental parece ser él, mediante dramas personales que sentí forzados, empujados al frente de la trama en lugar de sobresalir de manera orgánica.
Al final, Sharkwater es un buen documental que ciertamente despertará una gran admiración de parte de quienes aprecian el mundo marino, pero debería interesarnos a todos, por lo mucho que dice no sólo de los tiburones sino de la especie humana, y el mundo en el que habitamos.
CALIFICACIÓN:
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