Junio
5, 2004
“Eres
lo que comes” dice un conocido refrán. Desconozco
cuan lejos pueda llevarse dicha aseveración, pero
luego de ver “Super Size Me” de algo estoy absolutamente
seguro: la comida de McDonalds es mucho más dañina
para la salud de lo que la mayoría piensa.
Morgan Spurlock decide, al más puro estilo sensacionalista
de Michael Moore (“Bowling for Columbine”),
filmar un documental sobre los efectos negativos de la comida
rápida (particularmente McDonalds) utilizándose
a sí mismo como conejillo de indias. Spurlock come
en McDonalds durante un mes. Únicamente en McDonalds.
Desayuno, almuerzo y cena. Las reglas son además
que tiene que pedir al menos una vez todas las alternativas
del menú y si quien lo atiende la pregunta si quiere
tamaño “súper grande” (“super
size”) debe contestar con un entusiasta “si”.
Al inicio de este experimento, Spurlock se realiza un completo
examen médico. Los resultados son positivos: se encuentra
en excelente estado de salud. Los médicos lo monitorean
a lo largo de su “dieta McDonalds” y horrorizados
corroboran el continuo deterioro de su salud.
A los 10 días Spurlock había subido 10 libras.
Al final del mes, casi 30. Y ni hablar de su colesterol.
Uno de los médicos le confiesa a la mitad del camino
que “las consecuencias son mucho peores de las que
esperaba” y le pide que considere abortar el experimento.
Su hígado empieza a mostrar signos de daño,
dolores en el pecho lo despiertan a media noche, se siente
deprimido y su novia se queja de su rendimiento sexual.
Sin embargo, Spurlock continúa estoicamente hasta
el final del mes.
Conciente
de que no puede llenar un documental con escenas de almuerzos
o desayunos en McDonalds, Spurlock incluye entrevistas con
fanáticos de la comida rápida, ejecutivos
de la industria y una impactante escena donde ni un solo
niño entrevistado en una escuela preparatoria puede
reconocer la imagen de Jesús (uno pregunta si se
trata de George W. Bush) pero todos identifican inmediatamente
la de Ronald McDonald. El documental revisa además
no sólo los efectos negativos en la salud de los
consumidores pero el efecto en las costumbres alimenticias
en general de los norteamericanos.
Los Estados Unidos de América tienen el mayor número
de obesos por número de habitantes de todo el planeta.
La obesidad es un grave problema nacional y sin embargo
el éxito y crecimiento de McDonalds parece no tener
fin. Les aseguro que aquí en New York, específicamente
en Manhattan, deben haber al menos 80 locales de McDonalds.
En relación al tamaño de la isla estamos hablando
de 1 McDonalds cada cuatro cuadras. De hecho, ahora que
lo pienso, no recuerdo la última vez que camine por
la ciudad y no pase frente al menos 1 local de McDonalds.
Evidentemente comer 3 veces al día en McDonalds durante
un mes es una exageración que ni el presidente de
dicha compañía en sus sueños más
optimistas espera de sus clientes. Pero Morgan Spurlock
logra con este documental graficar un punto que insistimos
en olvidar: este tipo de comida procesada es mala para la
salud. No sólo mala, pésima. Lo que nos lleva
a la inevitable interrogante: ¿es necesario que la
comida de McDonalds sea tan dañina? ¿Es mucho
pedir que un gigante corporativo haga un mayor esfuerzo
por controlar la calida de sus productos?
Todo en exceso es malo, es cierto, pero esa realidad no
afecta el contundente hecho que “Super Size Me”
subraya: los efectos del menú de McDonalds en la
salud de las personas son especialmente excesivos.
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