Mayo
27 del 2006
Empiezo reconociendo dos cosas: uno) no he leído
la novela y tampoco está en mi lista de lecturas
pendientes (que ya es bastante larga) y dos) soy cristiano
(es decir, creo no sólo en la filosofía sino
también en la divinidad de Cristo). Lo primero es,
en mi opinión, una ventaja para escribir esta crítica
ya que soy un convencido de la completa independencia que
debe existir entre medios artísticos tan diversos
como la literatura y la cinematografía. Lo segundo
es un poco más complejo. Todo lo que puedo es asegurarles
que he sido lo más objetivo posible, creo que lo
suficiente para darle imparcialidad a mi opinión
sobre el filme.
The
Da Vinci Code es película de suspenso mediocre,
que cumple con mantenernos en suspenso la mitad del tiempo
pero nos aburre el resto. Ron Howard (Apollo 13, A Beautiful
Mind) ha tratado de darle cohesión y coherencia a
una trama llena de agujeros y poca claridad, y en el intento
ha terminado con un producto que es 30 minutos (por lo menos)
demasiado largo, con absurdos a lo largo de la historia,
improbable información proporcionada en el segundo
preciso, eventos que superan con creces la posible casualidad,
y desafíos permanentes a la lógica.
El
núcleo de la trama es el siguiente: el curador del
Louvre, Jacques Sauniere (Jean-Pierre Marielle), es encontrado
muerto debido a heridas de balas en el piso del museo, cerca
de donde se encuentra la Mona Lisa de Leonardo Da Vinci.
Al parecer la víctima -un hombre de avanzada edad-
pese a sus heridas tuvo el tiempo (y la lucidez y concentración
necesarias) para, entre otras cosas, dejar una serie de
pistas escritas con su propia sangre alrededor de la escena
del crimen, incluyendo claves, referencias históricas
y otras complejas señales de un nivel de una sofisticación
tal que únicamente pueden ser entendidas por Robert
Langdon (Tom Hanks), un profesor de simbología de
la Universidad de Harvard (cátedra inexistente en
la vida real, a propósito).
Langdon
casualmente -por supuesto- se encuentra en Paris y en pocos
minutos se encuentra en el lugar de los hechos con la policía,
en aún menos minutos ha descifrado todas las pistas
dejadas por el difunto, las cuales parecen revelar una inmensa
conspiración en la que estaría involucrada
la Iglesia Católica.
Sophie
Neveu (Audrey Tautou) es una agente de policía con
un aparente vínculo familiar a la víctima,
y el inspector Fache (Jean Reno) es también un policía,
que en este filme ocupa el rol del “agente convencido
en forma inamovible de la culpabilidad del inocente”.
Sophie
y Langdon inician la búsqueda de la “verdad”
detrás de la supuesta conspiración para conservar
un secreto que “destruiría lo cimientos del
cristianismo”, mientras Fache les pisa los talones
y los acosa un monje-asesino-albino-sadomasoquista (Paul
Bettany) de la organización católica Opus
Dei (organización que no cuenta con monjes en sus
filas, también a propósito), que desea a toda
costa conservar el “secreto” que el asesinado
curador del Louvre habría descubierto.
No
entraré en más detalles para no eliminar el
poco suspenso que existe en el filme, pero el secreto involucra
dudas sobre la divinidad de Cristo y una supuesta relación
con María Magdalena que habría dejado descendencia
hasta la actualidad. A nivel de interpretaciones la película
es igualmente mediocre, con las excepciones de Paul Bettany
y quien sin duda se “roba el filme”, el extraordinario
actor Ian McKellen interpretando a Sir Leigh Teabing, un
Deux ex machina que asiste a Sophie y Langdon en
el momento preciso, lleno de todas las respuestas y todas
las explicaciones (y además un avión privado
convenientemente cerca y listo para despegar cuando sea
necesario).
The
Da Vinci Code es un filme ordinario y medianamente
competente, a ratos entretenido, pero que habría
pasado desapercibido si no tuviese a la Iglesia Católica
como villana en una época en donde la animosidad
hacia esta última y su impopularidad están
en niveles particularmente altos.
CALIFICACIÓN:
 
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