10 de
Julio del 2006
The Descent reúne todos los elementos que
hacen un buen filme de horror: víctimas creíbles,
suspenso creciente, giros narrativos inesperados y por supuesto
situaciones de visceral tensión y sangre. Padres,
por favor, dejen a los niños en casa.
Neil Marshall, director
de la mediocre “Dog Soldiers” (2002), da un
salto cualitativo impresionante con su segundo esfuerzo
cinematográfico, alcanzando un producto altamente
efectivo pese a las limitaciones del presupuesto ($4´000.000,
una cifra muy baja en comparación con el promedio
actual de las superproducciones del cine de horror de Hollywood).
Es bien sabido que a menor presupuesto mayor debe ser la
creatividad del director y de su equipo para saltar los
obstáculos que deriven de las restricciones económicas,
y que adicionalmente el casting se torna doblemente dificultoso
al no poder contar con actores de probada calidad. Pese
a esto, el equipo creativo liderado por Marshall supera
con éxito estos desafíos, y el resultado es
el mejor filme de horror de los últimos años.
Como
todo filme ambicioso, The Descent funciona en varios
niveles, ciertamente es un filme de horror, pero al mismo
tiempo es una película que revisa tanto el instinto
humano de supervivencia como la resistencia de la psiquis
frente a situaciones de extrema exigencia física
y emocional.
Sarah (Shauna Macdonald), luego de transcurrido un año
de haber perdido en un traumático accidente a su
hija menor de edad y a su esposo, acepta la invitación
de cinco de sus amigas para explorar unas cuevas de gran
atractivo turístico en las Montañas Apalache.
O al menos eso asegura la más aventurera del grupo
y líder de la expedición, Juno (Natalie Mendoza).
Pero pocas cosas son lo que parecen en este gran filme,
y las seis mujeres se ven envueltas en un enfrentamiento
contra no sólo depredadores de naturaleza desconocida,
sino claustrofobia, ansiedad, desesperación, traiciones
y desequilibrios mentales, especialmente en el caso de Sarah
quien no ha sido la misma desde el accidente. Todas las
actrices realizan un gran trabajo, y debo destacar que me
alegró ver de nuevo en escena en excelente (aunque
breve) actuación a Nora-Jane Noone (Holly), quien
dejó un recuerdo indeleble en su primer filme, la
brillante “The Magdalene Sisters” (2002).
Es notable la manera en que Marshall usa la cámara
para crear una sensación claustrofóbica de
gran realismo, y además mediante la acertada dirección
del filme alcanzar un nivel progresivo de suspenso, manteniéndolo
hasta el final. Y que final. Seguro los acompañará
en un par de sueños, o tal vez debería decir
pesadillas.
CALIFICACIÓN:
   
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