Diciembre 2, 2007
¿Debe un filme entretener para ser un buen filme? ¿Qué ocurre si se trata de un examen del lado oscuro de la naturaleza humana, de una historia rodeada de muerte, violencia y desesperanza, de principio a fin? Salvo el caso de los fanáticos de esta clase de cine, para la mayoría de nosotros una película de este tipo lo último que haría seria entretenernos, seguramente lo que nos causaría es depresión, ansiedad e incomodidad. ¿Pero es por ello una “mala” película que no debe ser recomendada? Creo que no. El buen cine lo encontramos en todos los géneros, y no todos tienen como objetivo entretener al espectador, algunos directores quieren castigarnos, por nuestro propio bien. Tal es el caso de Frank Darabont y su último filme, The Mist.
Es la tercera adaptación que Darabont realiza de novelas de Stephen King (The Shawshank Redemption y Green Mile son las anteriores), pero es la primera vez que el cineasta explota el horror del escritor, y el resultado es excelente. The Mist es intensa, violenta, y sobre todo cruel. Como en la vida, no hay personaje a salvo, no hay temor que no pueda confirmarse, ni sueno que no pueda destruirse en mil pedazos.
David Drayton (Thomas Jane) es un artista cuya más reciente obra (una pintura sospechosamente parecido al personaje principal de la novela “Dark Tower”, otro trabajo de King) acaba de ser destruida gracias a una terrible tormenta, la cual además de destrucción trae consigo una extraña niebla, con extrañas criaturas, que parecen la descendencia bastarda de Dalí y Lovecraft, sedientas de sangre humana.
David, su hijo Billy (Nathan Gamble), y otros habitantes de la pequeña comunidad donde viven los Drayton, soportan el ataque sobrenatural en un pequeño supermercado. Sin embargo, las amenazas del exterior empiezan a ser desafiadas por las amenazas del interior, que incluyen a la fanática religiosa Mrs. Carmondy (Marcia Gay Harden, en gran actuación) y a una serie de parroquianos de poco control y fácil manipulación.
El verdadero horror, parecería decir The Mist, no esta en el entorno sino en el corazón del hombre, en su facilidad para perder la fe, entregarse en brazos del fatalismo y olvidar lo que nos hace humanos.
CALIFICACIÓN:
  
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