2 de Octubre del 2006
El lucro es uno de los principales indicadores de la explotación comercial. No puede haber explotación comercial sin lucro, ni lucro sin explotación comercial. Salvo que quien incremente su patrimonio se desprenda inmediatamente del incremento, sin recibir nada (de valor económico) a cambio. Es debido a esta realidad que resulta harto difícil para los creadores de United 93 eludir la acusación de explotar comercialmente una tragedia reciente, que aún genera un dolor cercano y profundo a miles de personas. No importa con cuantos colores se intente matizarlo, la verdad es que varias personas lucraron con United 93 y esto es, al menos, cuestionable.
Sin perjuicio de lo anterior, no puedo dejar de reconocer que -considerando lo delicado y sensible del material- esta película revisa los infames eventos del 11 de Septiembre del 2001 en la forma menos manipuladora y más respetuosa posible. El inglés Paul Greengrass (“Bloody Sunday”, “The Bourne Supremacy”) se limita a presentar los hechos, sin juzgamientos ni agendas políticas o ideológicas. Los extremistas islámicos son seres humanos, no maquinas asesinas insensibles; del mismo modo, los pasajeros del vuelo 93 de la aerolínea United son humanos, no superhéroes unidimensionales e imperturbables. Tal como lo hizo Gus Van Sant al revisar la masacre de la secundaria Columbine a través de su filme “Elephant”, Greengrass se limita a observar, y nos entrega por completo a los espectadores la responsabilidad de alcanzar conclusiones.
La historia del vuelo No. 93 de United Airlines ha sido difundida ya en reportajes, documentales e inclusive biografías. El único de los vuelos secuestrados el día 11 de Septiembre del 2001 que no alcanzó su objetivo terrorista (presumiblemente el Capitolio en Washington DC) es también el más recordado. De acuerdo a múltiples llamadas telefónicas realizadas desde el avión minutos antes de estrellarse en Shanksville, Pennsylvania, los pasajeros del vuelo No. 93 decidieron atacar a sus captores en un intento de recuperar el control de la nave. Al hacerlo perdieron su vida, pero también frustraron los planes de los secuestradores y recibieron reconocimiento mundial por su actitud luchadora.
Greengrass recrea en tiempo real los 90 minutos previos a la destrucción del vuelo, mostrando principalmente las reacciones de las autoridades aeronáuticas, militares y de los propios pasajeros, incrementando con gran efectividad la tensión, hasta alcanzar niveles insoportables.
Sin duda desde el punto de vista cinematográfico United 93 es una obra de primer nivel, pero vale la pena preguntarse, ¿qué exactamente justifica su existencia? Ciertamente que no lo hace el principio de Ars Gratia Artis ya que no se trata de un producto del ingenio creador de su director. Tampoco creo que valga como fuente de inspiración heroica ya que, sin desmerecer en ningún momento el coraje de los pasajeros del vuelo 93, su reacción fue mayormente una manifestación del instinto de supervivencia y no un ejercicio pleno de su libre albedrío. Las alternativas de estas personas eras escasísimas. Morir sentados, o morir de pie (al menos intentando sobrevivir). Optaron por lo segundo.
Al final del filme no sentí más que frustración y una profunda tristeza. Tal vez la principal virtud de United 93 es la forma en que otorga un perfil humano a los extremistas islámicos. Esto es importante. Debemos reconocer y recordar que a bordo del vuelo 93 no hubieron ni héroes ni villanos, sólo víctimas.
CALIFICACIÓN:
   
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